Introducción a Mateo 18

Dice la Biblia en Mateo 18: 1 “En aquel tiempo los discípulos  vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos.”  

Mateo 18 es el cuarto de los cincos discursos de Cristo que ese evangelio tiene registrados. El primero lo conocemos como el Sermón de la montaña y abarca los capítulos 5-7, el segundo lo encontramos en el capítulo 10 y le nombramos el Sermón apostólico y el tercero en los capítulos 13-14 y es el Sermón de las parábolas.

El cuarto es un sermón dirigido a sus discípulos ante la pregunta que rondaba en la cabeza y corazón de los 12: ¿Quién sería el mayor de ellos? Como respuesta a esta interrogante Jesús lanza esta enseñanza que nos lleva a reflexionar sobre la importancia de conducirnos con sencillez en nuestra relación con nuestros hermanos en Cristo.

Los seres humanos infectados por el pecado tenemos en nuestra naturaleza caída insertado el menosprecio. El orgullo y altivez que se nos transmitió con la maldad de Adán y Eva nos hacen ver a los demás como inferiores a nosotros. La discriminación es innata, hacer acepción de personas es tan natural que para algunos que hasta la adoptan como estilo de vida.

Los doce hicieron esa pregunta porque entre ellos pensaron que el modelo hebreo de jerarquías sería exactamente igual, pero Cristo los detuvo con este sermón que establece con toda claridad que nadie habría de ser mayor y en caso de que esto ocurriera solo había una manera de llegar a la cúspide por encima de todos.

Jesús estableció con toda claridad que alguien si alguien quería tener la superioridad jerárquica entre los apóstoles debía llenar ciertos requisitos que desarrolla a lo largo de este capitulo que llamaremos el “Sermón de la grandeza”. Si alguien desea ser grande en el reino de los cielos ha de pasar por estos requisitos o pasos.

La grandeza de un hombre se mide por su trato con sus semejantes. No puede ser de otra manera. Cristo nos dejó un ejemplo sublime de su trato con todos los que tuvo contacto. Fue compasivo con los pecadores y los llevó a reconsiderar su conducta. Fue severo con los arrogantes y fue pacientes con sus discípulos para trabajar su carácter.

La relevancia del Sermón de la grandeza radica en que postula con toda claridad una nueva forma de vivir la vida espiritual. No debía haber y no debe de haber en la comunidad cristiana nadie por encima de nadie. Todos somos iguales y eso debe quedar claro con ese mensaje.

Habremos de estudiar por espacio de varias semanas este hermoso pasaje que nos legó Mateo y habremos de aprender que la grandeza en el reino de los cielos tiene otra connotación. Ser grande implica ser un campeón en perdonar. Engrandecerse en el reino celestial tiene como base no hacer dañar a los demás.

El Discurso de la grandeza nos lleva por senderos que tenemos que caminar. No son sendas fáciles porque tienen relación estrecha con la negación de nosotros mismos. Un hábito poco practicado porque implica renunciar a nuestro egoísmo es tan difícil que muchos renuncian antes siquiera de comenzar a caminar.

Jesús nos conduce a la infancia. A esa etapa de la vida tan inocente y tan desprendida. Los niños son nuestro ejemplo en muchas áreas de nuestra vida. Nos recuerda que los niños perdonan rápida, se reconcilian igual con la misma rapidez y no tiene problemas en ser compartidos.

La vida adulta tiene que aprender tanto de los pequeñitos como los llama el Señor. Tenemos que mirar un poco más a la infancia para aprender a comportarnos con la bondad infinita de un niño y dejar a un lado la maldad que el mundo nos va pegando conforme vamos creciendo.

Si queremos ser grandes en el reino de los cielos debemos aprender a ser responsables de nuestra conducta y evitar hacer tropezar a los demás o escandalizar con nuestro estilo de vida. Cristo le dijo a sus seguidores que vendrían los tropiezos o escándalos, pero quien lo provocará sería severamente castigado.

Un creyente que comprende esta verdad, ajusta su vida a la templanza o el dominio propio. Gobernarse uno mismo es la base de la grandeza porque quien practica esta disciplina sabe que resulta difícil domar nuestra naturaleza caída y habrá de ser más comprensivo con los demás. No altivo ni soberbio.

Cuidar de los demás es una virtud. Las personas jamás deben dejarse de ver. Seres humanos con necesidades que requieren ayuda. La parábola de las cien ovejas fueron enunciadas justamente en este sermón. Rescatar a los perdidos es virtud. Perder a los demás es condenable.

La corona de la grandeza en el reino de los cielos está en el perdón. Perdonar y olvidar debe ser nuestra competencia. Si algo desea el Señor para nosotros es que podamos tener el alma limpia de tanto perdonar.

¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? O el Sermón de la grandeza

I. El que se hace como un niño

II. El que no hace tropezar a su prójimo

III. El que tiene templanza

IV. El que cuida a los demás

V. El que sabe perdonar

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