El aborto: una perspectiva cristiana

El aborto: una perspectiva cristiana sobre la vida en el vientre de la madre

Dice la Biblia en Job 3: 16

“¿Por qué no fui escondido como abortivo, como los pequeños que nunca vieron la luz?”.

Y en 1ª Corintios 15: 8

“y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

Introducción

Estos son los dos únicos textos a lo largo de toda la Escritura que usan la palabra “aborto”. La mayoría de los estudiosos de la Escritura coinciden en señalar que el libro de Job debe fecharse en el tiempo de los patriarcas porque nunca se menciona la palabra ley, por ello podemos afirmar categóricamente que el aborto es muy antiguo.

En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo lo utiliza para referirse en uno de los dos sentidos que se usaba la expresión: nacimiento prematuro o antes de tiempo. Pablo se consideraba un prematuro frente a los apóstoles que habían “nacido en su tiempo exacto” al conocer a Cristo antes que él.

El otro sentido en el que se utiliza el término es para referirse a un ser que muere antes de nacer. Es la vida del feto interrumpida de manera inesperada desde el momento mismo de la concepción hasta antes de nacer. Un aborto desde el punto de vista bíblico es la interrupción del embarazo.

Hemos de reconocer que la Biblia no tiene un mandamiento ex profeso o que directamente prohíba la practica del aborto. No lo encontraremos nunca como “No abortarás.” Pero si en cambio encontraremos principios que nos permitirán defender la vida desde su concepción o desde su fecundación.

Cuando estudiamos los diez mandamientos abordamos el mandamiento de “No matarás”, que es la base o punto de partida para comprender que debemos respetar la vida. El tema del aborto comienza justamente cuando se plantea la interrogante: cuándo comienza la vida.

Y a partir de allí comienza el conflicto entre quienes decimos que la vida comienza desde la fecundación y la de otros que hasta después de las 12 semanas, sin embargo la Escritura va más allá de las fecundación. El presente estudio tiene como intención principal valorar la vida y entender que la existencia humana comienza mucho antes de la concepción.

I. El origen de la vida

Jeremías 1: 5

“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.”

El profeta Jeremías relata como fue llamado a la vocación de hablar en nombre de Dios. El vidente de Dios formula con toda claridad que su labor profética fue una determinación divina que ocurrió mucho antes que fuera concebido y también antes que saliera del vientre de su madre.

El profeta escribe estas palabras con los más diversos fines. El primer de ellos evidentemente para establecer con toda claridad que su función como un hombre que habla a nombre de Dios no fue una decisión suya. Fue una decisión que Dios tomó con antelación y predestinación.

Pero una de las razones por las que Jeremías escribe la forma en que comenzó su trabajo profético fue señalar con toda claridad que la vida es un don de Dios. Que los seres humanos llegan a este mundo por una determinación divina que nace por el puro afecto de su voluntad. Nada más y nada menos.

La vida para este noble varón de Dios ni es un accidente como tampoco es una equivocación o irresponsabilidad paterna o materna. Es un plan perfectamente diseñado por el Señor. Un acto pleno y total de su soberanía y como tal para muchos nos resulta complicado y difícil entender.

La existencia humana parte del Creador. Llegamos a esta tierra gracias a ese favor divino y cumplimos con un plan que él tiene para nuestras vidas. Depende de cada uno de nosotros descubrir la finalidad por la que estamos sobre este mundo. Algunos lo descubren tempranamente en sus vidas, otros un poco mas tarde y algunos casi al final. Otros nunca.

Pero independientemente de que lo descubran o no, su vida tuvo un fin o tiene un fin. Solo es posible encontrar la razón de nuestra existencia a la luz de quien nos dio la vida, fuera de ello es difícil y complicado. El Creador del universo es el dador de la vida. El da vida y él la quita. Las palabras de Jeremías tiene ese sentido.

Desde esta perspectiva la vida comienza mucho antes de que se fecunde el óvulo por el espermatozoide. Antes de eso Dios ya sabe o ya sabía de cada uno de nosotros. Esta idea se refuerza con pasajes del Nuevo Testamento como Efesios 1: 4 que dice: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha…”.

II. El inicio de la vida

Salmos 139: 16

“Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas sin faltar una de ellas.”

Este texto es verdaderamente inquietante, pero también especialmente consolador y estimulante.

La versión Dios Habla Hoy lo traduce así: “Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; todo eso estaba escrito en tu libro. Habías señalado los días de mi vida cuando aún no existía ninguno de ellos.” Mientras que la Biblia de Jerusalén lo hace así: “Mi embrión veían tus ojos; en tu libro están inscritos los días que me has fijado, sin que aún exista el primero.”

La Nueva Versión Internacional lo hace de esta manera: “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación; todo ya estaba escrito en tu libro; todos mis días estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.” Pero definitivamente la que nos auxilia más es la versión Latinoamericana que dice:

“Tus ojos veían todos mis días, todos ya estaban escritos en tu libro y contados antes de que existiera uno.”

David el autor de este salmo nos quiere compartir las perspectiva que él tiene sobre la existencia humana. David esta seguro que el don de la vida es un don de Dios, es decir la existencia humana se origina en Dios a partir del óvulo fecundado en las primeras etapas de su desarrollo.

De acuerdo a David mucho antes de ese instante, Dios determina los días de nuestro vivir. El rey de Israel establece con toda claridad que por su bendita soberanía y su compasión eterna el Señor fija los límites de la vida para cada persona y lo hace mucho antes de que si quiera exista la persona.

Siempre que pienso en el don de la vida recuerdo esta anécdota que mi padre me contó:

Mi querido papá Teófilo fue minero muchos años en la sierra de Oaxaca. En Natividad, Ixtlán en el estado de Oaxaca para ser exactos. Hombre de una fortaleza física envidiable, que por supuesto no heredé, trabajó con disciplina y dedicación adentro de la tierra. En esos años de minero yo todavía no había nacido.

Un día, según me platicó, mientras tomaba un ligero descanso el capataz que supervisaba el trabajo lo encontró platicando con otro minero y en tono enérgico les pidió que dejaran de perder el tiempo. A mi padre le ordenó recoger un montón de piedras que había dejado la explosión de dinamita, mientras que al otro le exigió que empujara hacia el exterior el pequeño vagón que contenía oro.

El compañero de trabajo de mi venerable padre se opuso y le dijo a mi papá que él no empujaría el vagoncito y que le permitiera recoger las piedras y mi padre hiciera lo que a él le correspondía. Mi padre aceptó sin reticencias y se dirigió hacia la salida de la mina. Pero justo cuando avanzaba unos metros un derrumbe sepultó a su compañero de labor.

“Si hubiera recogido las piedras tu no hubieras nacido” me dijo hace unos cuantos años. Y mientras leo este texto descubro que desde antes de nacer Dios establece un propósito para la vida de cada persona y tiene fijado con exactitud los límites de su vida.

III. La manifestación de la vida

Lucas 1: 41

“Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la creatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo.”

El evangelio de Lucas relata los pormenores del nacimiento de Cristo. El suceso que cuenta en este verso ocurre alrededor de los seis meses de embarazo de Elisabet y las primeras semanas del de María. Según el evangelista eran familiares y esa fue la razón por la que se encontraron. María era una jovencita y Elisabet una persona ya grande.

Lucas dice que cuando Elisabet oyó el saludo de María su hijo Juan saltó en el vientre de ella. A los seis meses el ser engendrado percibe ya con toda claridad lo que ocurre hacia el exterior.

En realidad la vida es un don y un milagro de Dios. Lo que sucede en el vientre de la madre es un prodigio porque desde sus entrañas Dios forma un ser que comienza su existencia en la mente de Dios y que luego se materializa en el cuerpo de una mujer que aloja desde la concepción la vida humana.

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