La grandeza de ser como un niño

Dice la Biblia en Mateo 18: 1-5

En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 2 Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,  3 y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.  5 Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

Introducción

A la pregunta de sus discípulos sobre quien sería el mayor en el reino de los cielos, Cristo respondió en primera instancia con un ejemplo. Tomó a un niño y lo puso en medio de ellos. Cristo quiso ser muy gráfico porque la pregunta lo ameritaba. Los apóstoles discutían no una sino varias veces quien de ellos habría de ser el más importante.

Cristo utilizo siempre parábolas para enseñar, pero en esta ocasión fue más allá de una narración para tomar un ejemplo vivo o si se quiere una enseñanza materializada o viva al tomar a un menor de edad y presentarlo ante sus seguidores para que les quedara claro lo que Jesús quería que entendieran.

La metáfora viva fue un modelo para garantizar que todos comprendieran lo que se necesitaba para alcanzar a grandeza en el reino de los cielos. Fue una experiencia única para los seguidores de Cristo porque les quedó claro que el mayor o más importante en el reino de los cielos sería muy distinto a lo que ocurría en el mundo.

Jesús recurrió a dos características de los niños enseñan de manera rápida y obvia. La primera su humildad. Jesús dejó en claro que si hay algo que se necesita para ser grande es ser humilde. Parece contradictorio, pero la humildad hace grande a las personas y si alguien quiere sentir el más grande debe ser también muy humilde.

Y en el mismo nivel o en el mismo piso se encuentra el compromiso que Jesús quería que desarrollará los discípulos con los más desvalidos. Así cancelaba toda arrogancia con todos aquellos que requerían ayuda. Nada de altivez o sentirse superiores a los demás, sino compromiso con los demás.

Si algo hace grande a una personas, según estos versos, es su humildad. Humillarse ante los demás y deshacerse de su egoísmo, pero de igual modo el compromiso con quienes están indefensos.

La grandeza de ser como un niño

I. Porque se humilla
II. Porque no se siente autosuficiente

¿Quién es el mayor? Fue la pregunta que mereció todo un discurso de Cristo. En la comunidad cristiana no debe haber ese espíritu tan común en el mundo. Nadie debe ser más importante que otro. Todos son iguales. Sentirse o creerse el más importante no corresponde con las enseñanzas de Cristo.

La palabra “mayor” que usa Cristo procede del griego “meizon” que se traduce simplemente como más grande o mayor en un sentido de tener preminencia sobre los demás o de ser reconocido como superior a los demás. Los discípulos querían saber quien sería el más importante entre ellos.

Jesús les dijo que tenían que volverse y hacerse como niños. Lo que Jesús le dijo es que deberían cambiar su estilo de vida y volverse justamente como unos niños, para siquiera así tener posibilidades del reino de los cielos. Ellos preguntaban quien sería el mayor allí, sin siquiera saber si podrían entrar.

Los discípulos todavía consideraban su instalación en el reino de Cristo al igual que ocurría en el imperio romano. Ellos aun no habían logrado comprender la naturaleza distinta del reino del Señor ante los gobiernos humanos. Ellos creían que sería idéntico, pero estaban rotundamente equivocados. Y Cristo se los hizo saber.

I. Porque se humilla

La primer característica de un niño es que se humilla. La palabra procede del termino griego “tapeinoó” que comunica la idea de alguien que se hace agacha o alguien que se pone por debajo de los demás.

También el término se utiliza para señalar una característica singular de los niños. Viven sin egoísmo. Una virtud que les permite ser compartidos, perdonar rápidamente y olvidar casi al instante las ofensas y los males que les provocaron los adultos o los propios niños que conviven con ellos.

Un niño es un ser que nos muestra nítidamente su inocencia. Nos muestra su capacidad para olvidar afrentas, nos enseña como puede uno dejar de pensar en el mal que se nos hizo y dedicarse a disfrutar los juegos o la vida misma. Los niños nos ilustran grandemente sobre lo que Cristo espera de nosotros.

La humildad fue una de las virtudes que Cristo quiso inculcarles a sus discípulos desde el principio de su ministerio hasta el final. Y lo hizo poniéndose como ejemplo de humillación al condescender con ellos.

II. Porque no se siente autosuficiente

Los niños son seres indefensos. Necesitan ayuda. Pero no cualquier clase de ayuda. Necesitan y requieren personas que asuman un serio compromiso con ellos. Y ese es el sentido que Cristo quiere que comprendan sus seguidores.

Quiere Jesús que sus discípulos se comprometan de tal forma con esta enseñanza que utiliza la expresión “recibir a un niño”. Cristo fue humilde. Dice Pablo que se humilló tomando forma de siervo. Se hizo como un niño para habitar entre nosotros. Lo contrario a la humildad es la arrogancia.

Hay en la autosuficiencia mucho de orgullo que Cristo desprecia absolutamente. Un ejemplo de que la arrogancia y la autosuficiencia no nos conducirán a nada es esta fábula llamada “El león y el ratón”.

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reir y lo dejó marchar.
Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oír los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.

Moraleja: Nunca debes menospreciar a nadie y sentirte autosuficiente porque nunca sabes de quien va a necesitar algún día.

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