Los recabitas: aprender a vivir con poco

Dice la Biblia en Jeremías 35: 2 “Ve a casa de los recabitas y habla con ellos, e introdúcelos en la casa de Jehová, en uno de los aposentos, y dales a beber vino.”

El capítulo 35 del libro de Jeremías esta dedicado exclusivamente a hablar de una familia judía cuya cabeza paterna fue hombre llamado Recab, quien tuvo un hijo llamado Jonadab, que resulta sumamente interesante porque fueron obligados a vivir de acuerdo a lo que el patriarca de la familia ordenó: sin tomar vino y sin propiedades para vivir y sembrar.

La Escritura no explica la razón por la que recibieron esa orden que los obligó a vivir justamente con lo más indispensable. No bebían o comían ningún producto de la vida, no tenía sembradíos para ellos y tampoco fincaron casas para habitar. Vivían en tiendas desde que nacían hasta que morían.

Era una rareza verlos porque habían renunciado a todo bien material. Los recabitas recibieron una orden de Recab y la cumplieron a cabalidad, según leemos en el relato de Jeremías quien los llevó a la casa del Señor a los atrios para pedirles que tomaran vino como parte de una lección profética al pueblo de Israel.

La reacción de los recabitas fue obvia: se negaron a quebrantar una orden que habían recibido de sus antepasados y le recordaron a Jeremías que habían aprendido a vivir sin campos de cultivo y sin casas y por supuesto que habían desaparecido de su dieta los frutos de la vida. El vino no existía para ellos.

La lección de estos hombres y mujeres es formidable por todos lados. Nos demuestran que podemos vivir sin ciertos bienes materiales y nada acontece. Nos recuerdan también que hay muchas necesidades que en realidad no son necesidades, pero sobre todo su mayor enseñanza es respetar el legado de sus ascendientes.

El planteamiento de la vida de los recabitas es muy inquietante porque pertenecen a esa clase de personas que saben vivir con poco, sin depender de bienes materiales que para muchos son irrenunciable, pero por encima de todo ello prevalece el respeto a las disposiciones que le dejaron sus patriarcas.

Quien obedece a sus padres y los honra, vivos y muertos, en realidad obedece y sigue a Dios.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: