La evidencia de la superioridad de Cristo: Él es antes de todas las cosas

Dice la Biblia en Colosenses 1: 17

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

Introducción

La eternidad de Cristo frente a la creación es una demostración fehaciente de su superioridad. El apóstol Pablo está demostrándole a los Colosenses que son seguidores de una persona que es la imagen del Dios invisible, el primogénito de la creación, pero también que es desde antes de todas las cosas.

La argumentación de Pablo es sólida y contundente para recalcarles a los hermanos a los que les escribe esa carta que Cristo no es un ser que comenzó a existir cuando nació en Belén de Judea, sino que Él existía desde antes de que todas las cosas fueran creadas. Su encarnación es apenas una manifestación de su humanidad.

Pero esa humanidad estuvo sujeta siempre a la eternidad. Antes de todo, Cristo fue un ser que existía desde el origen o principio de todas las cosas. La razón por la que Pablo hace escribe estas verdades es porque los Colosenses habían perdido de vista la divinidad de Cristo y se habían quedado solo con su humanidad.

El conflicto de los hermanos hace casi dos mil años, perdura hoy en día al asignarle a Cristo o resaltar de su persona solo su carácter humano, olvidando y haciendo a un lado su naturaleza divina, una equivocación que surgió o surge al creer que el comienzo de Cristo fue cuando se hizo hombre.

Pablo quiere despejar o deshacer este error llevando a sus lectores al punto de partida u origen de este mundo. Cuando nada había, Cristo ya existía. Cuando aún no existía los cielos y la tierra Cristo ya tenía vida. Con ello Pablo reafirma una verdad fundamental del cristianismo: Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre.

El apóstol plantea de manera sencilla la naturaleza de Cristo para que entendamos que ante Cristo estamos frente a una persona completamente distinta: tuvo todas las características de un ser humano: tuvo sed, se cansó, lloró, comió con sus discípulos y murió, pero fue al mismo tiempo Dios porque recibió adoración, fue omnisciente y resucitó.

Nadie en toda la historia de la humanidad ha tenido esas características, nadie puede reclamar ser el Hijo de Dios como Cristo lo hizo, nadie puede perdonar pecados si no solo Dios y Cristo perdonó pecados. Estamos, pues, frente a un ser superior en todos los sentidos y en todas las formas.

Para el cristianismo esta verdad es fundamental porque nuestra fe no está basada en los hombres sino en Dios. La fe del creyente se basa en una realidad y una certeza que va más allá de todo razonamiento humano. Esta basada en la verdad de la obra y vida de Cristo.
La divinidad y humanidad de Cristo son tan indispensables porque le permiten acercar al hombre tan distanciado de lo celestial con su Creador. Como decía o escribe Pablo: “Porque hay un solo mediados entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”

III. La evidencia de la superioridad de Cristo: Él es antes de todas las cosas

A. Porque es eterno
B. Porque sustenta todas las cosas

A. Porque es eterno

La eternidad de Cristo es fundamental para el creyente porque forma parte de uno de los atributos de Dios. Dios es eterno. Cuando Moisés regresó a Egipto a liberar a los judíos, le preguntó a Dios cuál era su nombre para presentarse ante sus paisanos a fin de que creyeran en sus palabras.

Dios le respondió que su nombre era: YO SOY EL QUE SOY, un expresión que en el hebreo enfatiza justamente su eternidad. Algunas versiones traduce esa expresión como El Eterno para referirse al Señor como un nombre que apunta claramente a su naturaleza frente al tiempo.

Pero, ¿por qué para el cristianismo resulta tan fundamental reconocer o comprender que Cristo es eterno? Por una razón fundamental: si Cristo es una creatura como todas las demás cosas, todas sus afirmaciones se caen y su obra de salvación carece de eficacia. Es un hombre muriendo por otros hombres, como han hecho muchos en la historia.

Pablo escribía a los Romanos y les decía en ese sentido que difícilmente encontraremos personas que mueran por otras personas, aun cuando éstas sean buenas, sin embargo demuestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros y nos redimió del pecado.

Hablar entonces de la eternidad o de la naturaleza fuera del tiempo humano de Cristo es precisar con toda claridad que estamos frente a una persona que comparte con Dios su naturaleza y en ese caso estamos frente a Dios mismo encarnado o hecho a imagen y semejanza de los hombres, pero sin pecado.

Es menester comprender esta afirmación porque solo de esa manera podremos afirmar seguros y sin vacilaciones que Cristo reinará por siempre y para siempre y esa declaración nos recuerda y reafirma que Cristo es eterno y que estuvo antes de todas las cosas y estará después de todas las cosas.

Creer en Cristo solo como la persona que nació en Belén de Judá, a los 30 años comenzó su ministerio, a los 33 fue muerto, resucitó al tercer día y esta sentado a la diestra del padre, es muy limitado porque generalmente muchas personas sin ser creyente saben eso y lo creen, pero adentrarnos a la persona de Cristo nos ha de llevar por su eternidad.

Un tema que hay que reconocer resultará difícil comprender del todo debido a las limitantes de la razón humana.

B. Porque sustenta todas las cosas

Pablo declara que “todas las cosas en el subsisten”. La palabra “subsisten” procede de la raíz griega “sunistémi” que se comunica la idea de “fortalecer”, “dar fuerza” “sostener”, “constituir”.

Por eso la versión Reina Valera 1960 la traduce como “subsistir” para aclarar si hay alguna relación entre Cristo y lo creado es de subordinación de lo creado frente a Él porque la sustenta o la sostiene. Cristo tiene tanto poder que tiene la capacidad de mantener la creación en su estado.

El mundo o la creación tiene una relación de subordinación ante Cristo. Esta relación de subordinación implica desde luego la superioridad de Cristo. Pablo quiere que sus lectores tengan perfectamente claro que la divinidad de Cristo está fuera de toda duda porque el sustenta la creación y le ordena.

Quizá el mejor ejemplo de este dominio lo encontramos en Marcos 4: 35-40 cuando Cristo dejó en claro que la naturaleza está sometida a él de tal forma que los vientos y el mar se sujetaron a su palabra.

Este dominio o control sobre todo lo que hay en la tierra lo volvemos a encontrar en Mateo 17: 24.27 cuando a Jesús se le pidió que pagara impuestos y le ordenó a Pedro que fuera al mar y pescara y el primer pez que sacará tendría en su boca las dos dracmas necesarias para pagar.

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