La palabra de Dios convence al hombre

Dice la Biblia en 2ª Timoteo 3: 16 “Toda Escritura es útil para…redargüir…”.

La palabra redargüir procede de la raíz griega “elegchos” y solo se utiliza dos veces en todo el Nuevo Testamento. Se usa en el texto que hoy meditamos y en Hebreos 11:1 traducida como “convicción”. De acuerdo a su raíz etimológica la expresión tenía dos usos: 1. Algo que se prueba o que se pone en examen y 2. Convicción o convencimiento.

Cuando el apóstol Pablo le escribe a su amado discípulo Timoteo le dice que una de las utilidades que tiene la Escritura en la vida del creyente es que lo redarguye, en otras palabras o basados en la definición del término griego, quiere decir que la Biblia es la que convence al hombre. Pero, ¿de qué lo convence?

Lo convence en primer lugar de la realidad de Dios en este mundo. La Biblia presenta a Dios como un ser que ha estado siempre, está y estará por toda la eternidad. El hombre necesita convencerse porque vive en la duda y la incertidumbre de conocer o saber qué hace en la tierra o cuál es su propósito de vida en su peregrinar por este mundo.

Acercarnos a la revelación divina hace que comprendamos con toda certeza la existencia de un Dios manifestado primeramente en la creación, pero relevado absolutamente en la persona de Jesucristo. La palabra de Dios escrita nos convence de esa verdad para nuestro propio bien.

Pero también, la Escritura nos convence de nuestra condición pecaminosa, nos retrata de manera perfecta en nuestra situación delante de Dios y nos ofrece la solución a este grave problema porque nos indica el camino a seguir para reconciliarnos con Dios, nos auxilia para presentarnos ante de Dios con la actitud correcta para recibir su perdón.

La Biblia tiene esa enorme virtud de convencernos de nuestra profunda necesidad de Dios. Al acercarnos a ella encontraremos, entonces, las herramientas suficientes para buscar a Dios y una vez tomada la decisión de mantenernos constantes en su estudio y revelación habremos de vivir seguros.

El grado de convicción o grado de convencimiento del creyente es inversamente proporcional al tiempo que dedica a la lectura, estudio y meditación de la palabra de Dios.

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