Resultados de vivir una vida piadosa: la luz de Dios

 

Dice la Biblia en Salmos 112: 4

Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo. 

Introducción

Desde el principio de la revelación escrita, Dios señaló con toda claridad que entre los seres humanos hay dos categorías de personas las que tienen luz y las que viven en oscuridad como una manera de explicar la vida espiritual. La luz es símbolo de su presencia para dirigirlo por la vida y finalmente encaminarnos a la vida eterna.

Génesis 1: 3-4 dice así: Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Desde el origen mismo de la creación existe esa dualidad o doble dimensión: luz y oscuridad. La luz asociada siempre a los justos y las tinieblas siempre relacionadas con los impíos.

Hablar de la luz es relevante porque simboliza una parte muy importante para la vida del creyente. El mundo ha estado, está y estará en oscuridad. Recordando a Cristo que dijo “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas nos permite asegurar que el Señor nos ofrece y garantiza luz en medio de la oscuridad.

El salmo 112 que nos conduce por los resultados de una vida piadosa nos dice que los justos, los temerosos de Dios tiene garantizada luz en sus vidas, tienen la certeza que no vivirán en oscuridad lo que necesariamente nos obliga a preguntarnos y respondernos qué significa tener luz en nuestra vida.

Encontraremos y descubriremos que Dios es luz y la transmite solo a aquellos que tienen la decisión de buscarla, aceptarla y amarla. Juan es categórico cuando dice que “Y está es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.”

Es claro entonces que la luz no se reparte para todos, que es una virtud recibirla y mantenerla encendida en nuestra vida y que por supuesto tiene una manera de manifestarse y expresarse. Obviamente esa luz no necesariamente tiene que ver con lo que nosotros consideramos como una lámpara.

Más bien la luz es una forma de simbolizar la presencia de Dios en nuestras vidas. La luz según estudiaremos en este texto nos lleva a considerar seriamente lo que somos y vivimos cotidianamente y de esa manera podremos saber si vivimos en luz o si en realidad las tinieblas han llenado nuestra existencia.

Resultados de vivir una vida piadosa: la luz de Dios

  1. Para ser clemente
  2. Para ser misericordioso
  3. Para ser justo

Síntesis

El hombre se debate entre la luz y las tinieblas es una lucha diaria, sin tregua, sin cuartel, sin reposo. Diariamente el ser humano debe escoger entre la luz que emana de Dios o guarecerse en la oscuridad de la maldad, en las tinieblas del pecado que lo llevan a cometer actos atroces que le hacen perder justamente su humanidad.

Así un resultado de una vida piadosa es la iluminación de nuestra vida de parte de Dios. Vivir bajo el temor de Dios nos ayudará a no vivir sin luz, nos permitirá acceder a abrir nuestros ojos y comprender quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos, algo que mucho no pueden hacer.

El justo sabrá exactamente qué tiene importancia en la vida y que no la tiene. Sabrá distinguir perfectamente lo que ocurre a su alrededor y tendrá a su favor lo que declara el salmo 119: 105 “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Con esa clase de luz sobre él podrá vivir como a Dios agrada.

  1. Para ser clemente

La palabra hebrea que utiliza el salmo para señalar que un justo es “clemente” procede de la raíz “channun”, que generalmente se utiliza como un adjetivo para referirse a Dios y que quiere decir condescendiente, amable, abundante en gracia o alguien que manifiesta amor.

Cuando el término se aplica a una persona cobra un cariz distinto aunque sin perder su esencia. Un hombre “clemente” es hombre influenciado o controlado por la gracia divina y en consecuencia expresa o presenta en su vida cotidiana justamente amabilidad, abundante gracia o se vuelve alguien que condesciende con los demás.

El justo iluminado por Dios o con la luz de Dios vive de esa manera. Vive repartiendo gracia, es decir mostrado el favor inmerecido de Dios. Su conducta se ajusta exactamente a reflejar la luz de Dios. Dios es amor y entonces el justo tiene la capacidad de reflejar nítidamente ese amor.

2. Para ser misericordioso

Hemos estudiado muchas veces la palabra hebrea que la versión Reina Valera 1960 traduce como “misericordia” “rejem” y hemos dicho que su significado está relacionado estrechamente con la expresión “matriz”.

La palabra misericordia bajo este contexto quiere decir “un amor maternal”, una clase de piedad como la que la mamá tiene para con sus hijos que es incondicional o que se mantiene a pesar de el hijo no tiene el comportamiento que debe tener para responder a esa clase de amor.

El justo actúa de esa manera, se comporta con esa clase de amor con su semejante. No se deja llevar por la arrogancia ni tampoco por la ira, sino actúa siempre bajo el criterio de amar. La luz que ha llegado a su vida le permite albergar esa clase de determinaciones de su voluntad.

3. Para ser justo

La palabra justo que tenemos en este verso procede de la raíz hebrea “tsaddiq” y que nuestras versiones en español traducen como justo para referirse a las personas que viven una existencia piadosa delante de Dios.

La piedad es un don de Dios, nace y se origina de su presencia. El hombre por sí mismo o por su propia cuenta nunca podría agradar a Dios porque sus pensamientos son de continúo hacia el mal. Sólo la bendita presencia de Dios en su vida puede modificar su conducta y hacerlo anhelar a Dios y sus mandamientos.

Es sumamente interesante saber que la piedad es una especie de circulo virtuoso. El hombre justo, el hombre de bien, el piadoso hace que Dios lo ilumine y en consecuencia o como resultado de la luz del Señor en su vida ese hombre o esa mujer se vuelven clementes, misericordiosos y justos.

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