La ira

Dice la Biblia en Proverbios 29: 11 El necio da rienda suelta a toda su ira, más el sabio al fin la sosiega.

La ira es un defecto con el que nacemos todos. Es una expresión manifiesta de nuestra naturaleza caída. Nos puede acarrear muchos problemas si no la sabemos controlar o si no sabemos dominar porque nos saca de quicio, nos arrastra para cometer toda clase de improperios y sobre todo presenta la parte más oscura de nuestro ser.

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis la Escritura nos habla mucho sobre la ira, el enojo, el enfado, el fastidio y la molestia. Precisamente el libro de Proverbios, un volumen de la revelación divina escrito para moldear nuestras relaciones humanas, aborda el tópico insistentemente porque el enojo hace que dañemos a quienes nos rodean.

En el verso que hoy meditamos, el proverbista nos presenta a dos clases de personas o más bien a la ira en dos clases de personas: El necio y el sabio. Frente a la furia las personas pueden caer solo en estas dos categoría o se puede ser insensato o se puede ser prudente a la hora de enfrentarlo.

Dice la Biblia que hay personas que dan rienda suelta a toda su ira. Esta clase de personas pierden los estribos frente a una situación o persona que los hace enojar. Insultan, ofenden y maltratan sin reparar hacia quien lo están haciendo. Puede tratarse de sus padres, su esposa o su esposo, sus hijas, amigos, colaboradores, compañeros de trabajo o vecinos.

Esta clase de personas asemejan un vehículo pesado que ha perdido el control o un robot que ha dejado de ser contralado por su creador y a su paso destruye todo lo que encuentra. Este tipo de personas son un verdadero peligro por incluso pueden llegar a lastimar físicamente a su prójimo o ellos mismos pueden hacerse daño.

La ira sin control es la puerta al maligno y una ventana abierta de par en par para el mismísimo infierno. Sus secuelas o sus efectos pueden resultar verdaderamente insospechados.

Del otro lado, el proverbista ubica al sabio, prudente o sensato que cuando la ira llega a su vida, la sosiega. No es que la ira no venga a su existencia, claro que viene, pero cuando llega la recibe con calma y la sosiega, es decir la apacigua, la domina y le da un cauce donde no haga daño ni lastime a nadie.

El hombre prudente reconoce perfectamente cuando está llenándose de ira y en lugar de actuar dominado por ella, se tranquiliza y la controla rápidamente porque ha decidido mucho antes de eso ocurra no dañar a nadie, ni provocar heridas que luego son muy difíciles de resarcir.  

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