Resultados de vivir una vida piadosa: dejar una huella imborrable

Dice la Biblia en Salmos 112: 5-6

El hombre de bien tiene misericordia, y presta; gobierna sus asuntos con juicio,  por lo cual no resbalará jamás; en memoria eterna será el justo.

Introducción

La vida del piadoso trasciende. La muerte de un hombre o mujer temerosos de Dios no es el fin porque su memoria queda impregnada en quienes lo rodearon y su ejemplo siempre sirve para motivar a otros a servir a Dios con dedicación y entrega. La muerte es solo separación física porque el recuerdo que deja es imborrable.

Desde siempre uno de los temores más grandes de las personas es qué sucederá cuando desaparezcan de la tierra. Sobre todo en aquellos que dejan en este mundo bienes y posesiones. Al justo se le garantiza que luego de su desaparición sobre este mundo su memoria quedará guardada.

Es una promesa de Dios honrar a los que lo honran. Así dice 1º Samuel 2: 30

“Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.”

El justo tiene una promesa divina: su memoria será eterna. Será recordado en la tierra, pero principalmente será recordado en el cielo. Dios siempre lo tendrá en su mente y su corazón porque a su paso por la tierra dejó muchos recuerdos buenos entre los suyos y entre quienes departieron con él.

Nos queda claro entonces que nuestra muerte o desaparición física de este mundo es el punto de partida para que se nos recuerde por lo todo el bien que hicimos. Seremos recordados tal vez no por muchos, pero basta con que nuestro primer círculo o nuestra familia tenga gratos recuerdos de nosotros para no ser olvidados.

El temor a Dios o la piedad produce que nuestro paso por la tierra no sea en vano. El temor del Señor nos permite dejar una herencia no solo material, pero sobre todo espiritual en las personas que nos conocen.

Resultados de vivir una vida piadosa: dejar una huella imborrable

  1. Porque es generoso
  2. Porque ayuda a los demás
  3. Porque no tropieza

Síntesis

  1. Porque es generoso

Dice el primer verso que estamos estudiando que el hombre de bien es misericordioso. Algunas versiones en lugar de misericordioso traducen “generoso”, que por el contexto que vamos a estudiar parece ser la mejor traducción.

La generosidad es una virtud que no todos desarrollan porque implica ser desprendido con lo que tenemos. Es una actitud de no amar lo material, de ser caritativo con lo que tenemos y sobre todo es la destrucción completa de todo rasgo de avaricia. El avaro es lo opuesto a lo generoso.

El generoso ha perdido todo deseo material de acumular riquezas. El valor de la generosidad es más grande no cuando se tiene, sino justamente cuando no se tiene. El avaro al contrario conserva para sí sus bienes y le resulta sino imposible si muy difícil dar a los demás lo que tiene.

La generosidad se aprende. No nacemos con ella. Nacemos egoístas, pensando siempre en nosotros mismos, más que en los demás. Y a través de la vida vamos desarrollando esa actitud de ver siempre primero por nosotros y luego por los demás, si es que llegamos a ese punto. Generalmente muchos se quedan allí, en el intento por ser generoso.

La única manera de aprender a ser generoso es siempre a través de Dios que es excesivamente bondadoso con nosotros. El no se cansa de hacernos bien, aunque muchas veces nosotros no lo merecemos. Cuando Cristo habló de esta generosidad dijo: Él hace salir su sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos.

Dar y dar es una de las características del justo. Una forma de vida que Dios va moldeando en su vida. El justo descubre conforme se acerca a Dios a través de su vida piadosa que la esencia de Dios es dar. Y eso es generalmente lo que sucede cuando nos acercamos a Dios. Nos damos cuenta que es más bienaventurado dar que recibir. Hechos 20: 35.

Al justo se le recuerda justamente por su generosidad. A nuestro paso por la tierra seremos recordados siempre por lo que hicimos por los demás. Por supuesto que habrá ingratitudes, pero siempre habrá también personas agradecidas que harán de nuestra memoria su patrimonio.

2. Porque ayuda a los demás

El hombre de bien presta, dice nuestro verso cinco. Prestar es una características del justo. Pero debemos reconocer que muchos de los problemas que enfrentamos vienen, en ocasiones, de haber prestado dinero o recursos materiales.

No obstante sabiendo el riesgo que corre, el justo presta por una razón fundamental: se compadece de las necesidades que tiene su semejante. El justo tiene para prestar por eso presta, si no tuviera para hacerlo, evidentemente no podría hacerlo. La urgencia que ve en quien le pide le conmueve el corazón.

Es obvio que habrá personas que le devolverán lo que les presto y otros muchos ni siquiera se acordarán del apoyo que recibieron y ese es un mal muy grande porque muchas veces la gente se burla de quienes les prestó pensando que son tontos o que no pudieron darse cuenta de que los iban a timar.

Justamente por eso el verso cinco dice con toda claridad que el justo “gobierna sus asuntos con juicio”. El justo es un hombre sabio, sensato. No se deja llevar por sus emociones, sino que sopesa perfectamente bien lo que va a hacer y lo dice justamente cuando se refiere a ser generoso y prestar.

El hombre de bien o el hombre piadoso no es un santa Claus que va por el mundo buscando necesitados para ser generoso o prestarles. Quienes lo buscan son analizados y revisados para saber si son dignos del crédito. El piadoso piensa bien con quien ser generoso o a quien prestarle.

Si algo se tiene que gobernar con juicio es justamente nuestros recursos financieros porque de ellos dependerá grandemente la calidad de vida que tendremos a nuestro paso por la tierra.

3. Porque no tropieza

Algunas versiones modernas en lugar de decir “no tropieza” optan por la expresión “jamás fracasa” para referirse a una de las razones por las que la memoria del justo se recuerda con alegría.

Siempre hay que saber distinguir bien un fracaso de una prueba o una lucha espiritual. El justo enfrentará no una sino varias o demasiadas luchas espirituales, pero de todas ellas saldrá airoso. Eso esta fuera de discusión. Pero de esta clase de tribulaciones generalmente saldrá fortalecido en su fe, con ánimo y entusiasmo para seguir adelante.

El fracaso es otra cuestión. Fracasar es incumplir el plan de Dios para su vida. Es pecar y ofender a los hermanos de tal manera que les cause un daño irreparable. La palabra tropiezo en el hebreo tiene la idea de una desgracia o calamidad. El justo es librado de esta clase de males porque definitivamente su piedad hace que Dios lo resguarde siempre.

Gobernarse con buen juicio o con sensatez le dará la posibilidad de evitar tropezar en detrimento de su reputación. Dios lo protegerá para evitar este mal.

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