Muertos por Cristo

Dice la Biblia en 2ª Carta a Timoteo 2: 11 Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él.

En muchos de sus escritos el apóstol Pablo escribe bellos poemas o alabanzas a Dios en las que reconoce su grandeza e inmenso poder, su amor y compasión y su soberanía y dominio en todo lo creado. A través de estas sencillas composiciones nos lleva a alabar a Dios y bendecir el santo nombre del Creador.

Pero además de ser hermosos cantos de adoración también nos ayudan a profundizar en verdades que se necesitan repetir una y otra vez para no perder de vista temas o asuntos que deben acompañar nuestra vida cristiana a fin de no abandonar ni salirse de la senda que él ha trazado.

A modo de un himno Pablo les recuerda a sus lectores y nos recuerda a nosotros dos inmensas verdades de nuestra relación con Cristo. La primera que hemos muerto con él en la cruz del calvario. Pablo lo dijo categórico y seguro cuando expresó: “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, más Cristo vive en mí…”.

Y la segunda: si se nos concede el enorme privilegio de morir por él, no hay nada que temer pues nuestra muerte por él es la puerta a vivir con él para siempre. Al acompañarlo con nuestro sacrificio lo que estamos haciendo es seguir de manera puntual su gran ejemplo de sacrificio por nosotros.

La expresión “palabra fiel” que antecede a esta firme y poderosa declaración tiene como finalidad u objetivo resaltar o subrayar la veracidad de la afirmación, la seguridad y la convicción de que lo que se esta diciendo de ningún modo es una aventura o una afirmación emocional.

Morir por Cristo, entonces, se puede asumir en dos sentidos: figurativamente y literalmente. En ambos casos la idea es exactamente la  misma: rendir nuestra vida a él de manera voluntaria para cumplir su voluntad dejando a un lado nuestras ideas y planes personales y poniendo en sus manos toda nuestra existencia.

El creyente ha muerto para sí mismo y para el mundo de tal manera que si la muerte física lo alcanza solo se completará una obra que el hijo de Dios ya había comenzado cuando decidió crucificar sus pasiones y deseos en la cruz de Cristo.

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