Una vida con mucho fruto glorifica a Dios

Dice la Biblia en Juan 15: 8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Ser un discípulo implica llevar mucho fruto. Pablo explica que el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Una vida basada en estos principios honra a Dios o lo glorifica. La vida en el espíritu contrasta con la vida en la carne o bajo el dominio de la naturaleza caída.

Jesús le está explicando a sus seguidores uno de los propósitos de su elección o su llamamiento que es dar gloria y honra a Dios. La exaltación de Dios en la vida de cada creyente deviene de la manifestación en su vida de frutos dignos de arrepentimiento, es decir que muestren claramente el cambio de vida que Jesús ha operado en cada persona.

La figura que utiliza Jesús para proyectar esta importante enseñanza sobre el discipulado es una vid o árbol de uvas que rebosa de fruto por todos lados y que alegra grandemente a quien lo plantó porque su esfuerzo y dedicación al sembrarlo y regarlo todos los días finalmente tuvo éxito.

De igual forma un discípulo con mucho fruto honra grandemente al Señor porque su vida “fue sembrada” mediante la muerte de Jesucristo y “es regada” mediante la presencia diaria del Espíritu Santo que hace que su vida sea productiva en todos los ámbitos de la vida espiritual que ha adquirido.

Una vida sin fruto es aquella donde el adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes dominan la vida de las personas e irremediablemente los conducen a la condenación eterna.

El hijo de Dios lleva mucho fruto. No puede ser de otra forma porque la simiente o semilla de Dios ha sido puesta en él y como consecuencia se ha instalado en su ser una nueva naturaleza capaz de derrotar a la maldad y el pecado. Un creyente que no tiene fruto debe revisar seriamente su conversión porque puede que sea un simpatizante y no un discípulo.

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