Matrimonios formadores

Dice la Biblia en Nehemías 13: 24 Y la mitad de sus hijos hablaba la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico, sino que hablaban conforme a lengua de cada pueblo.

La restauración del pueblo de Israel en Jerusalén luego de setenta años de cautiverio en Babilonia, que implementó Nehemías y que abarcó todos los ámbitos de la vida pública de los hijos de Israel que habían retornado del exilio de siete décadas a la tierra de sus padres, fue severa, sin contemplaciones y sin acepción de personas.

El gran líder hebreo quería evitar a toda costa que de nueva cuenta se repitiera una destrucción tan grave como la ocurrida en el 584 A. C. a causa del pecado y la maldad, pero sobre todo por el relajamiento en los mandatos y ordenanzas que Dios le había dado a su pueblo en la Torá.

El matrimonio fue una de las instituciones que necesariamente tuvo que pasar por el filtro de la reforma que Nehemías llevaba a cabo. Este santo varón de Dios sabía perfectamente que cualquier sociedad que descuida esta relación social esta destinada a destruirse o a dañarse gravemente.

Los matrimonios mixtos, es decir relaciones de pareja entre un judío y una mujer extranjera era muy comunes en Israel aunque estaban prohibidos en las ordenanzas que Dios le había dado a su nación y por ello fue menester replantearles la necesidad de evitar esta clase de matrimonios.

¿Cuál fue la razón por la que se le hizo muy necesario señalar la gravedad de esta relación?  ¿Por qué a Dios no le agradó que sus hijos se mezclaran en esta clase de relaciones? ¿Por qué sancionarlos y señalarlos públicamente? ¿Por qué no dejarlos vivir como ya lo estaban haciendo?

Las respuestas a estas interrogantes las encontramos justamente en el texto que hoy meditamos. Los hijos de los judís no hablaban el hebreo. La lengua materna no existía en sus vidas. En consecuencia, la Torá les era absolutamente lejana. Jamás podrían entenderla como Dios quería que lo hicieran.

El matrimonio es la relación formativa por excelencia. Los hijos son resultado de los padres. El matrimonio debe ser visto, entonces, con toda responsabilidad. Una gran responsabilidad porque de allí es donde salen grandes hombres o seres que solo traen sufrimiento a la humanidad.

Los esposos deben de tiempo en tiempo reflexionar sobre qué están enseñando a sus hijos, qué ejemplo están dando sus vástagos o que clase de ciudadanos están formando. Tal vez los hijos están aprendiendo un “idioma” muy lejano al que debe aprender, al del reino de los cielos.

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