Palabras que hieren o sanan

Dice la Biblia en Proverbios 12: 18 Hay hombres cuyas palabras con como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.

Las palabras sirven para herir o curar. Con su forma de hablar las personas producen dolor o producen alivio. El proverbista está haciendo una especie de categorización sobre como se utiliza la capacidad que Dios le dio a los seres humanos de comunicarse a través de un lenguaje hablado.

Los seres humanos podemos dañar con lo que decimos de tal magnitud que Santiago compara la lengua como un pequeño fuego capaz de incendiar un inmenso bosque para hacernos ver la importancia de cuidar como hablamos, que decimos y a quien se lo decimos a fin de no herir.

Las palabras hirientes tienen un efecto demoledor en las personas. Lesionan gravemente la autoestima, destruyen el sentido de confianza en uno mismo y dejan secuelas que es muy difícil batallar contra ellas porque marcan la vida de quienes la reciben y pueden producir seres apagados y opacados.

El autor de los proverbios tiene como finalidad hacernos ver lo diligentes que debemos ser a la hora de hablar. El cuidado y la precaución de lo que decimos es un deber y un imperativo diario, sobre todo con quienes apreciamos y amamos, pero también con quienes solo en una ocasiones o accidentalmente tratamos.

Salomón nos pide que seamos esa clase de personas que sus palabras traigan sanidad a las heridas de las personas. Que con lo que hablemos o digamos seamos capaces de restaurar o curar el corazón desfallecido o el alma necesitada de una buena dosis de ánimo y entusiasmo en esta vida.

Cuando Cristo dijo que de la abundancia del corazón habla la boca nos recordó que nuestras palabra son el resultado de lo que hay en nuestro interior. Si una persona solo hiere eso es lo que hay en su corazón, pero si una persona sana a otros con lo que dice, eso es justamente lo que en él hay.

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