Dios nos libra del peligro

Dice la Biblia en Salmos 18: 16 Envío desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas.

Cuando Saúl murió terminó para el rey David años de persecución y sufrimiento de una persona a quien él apreciaba grandemente. Fue su suegro y su rey, pero Saúl nunca entendió su corazón y se dio a la tarea de hacerle todo el daño posible desde desear su muerte hasta quitarle a su esposa. Fue un rencor demencial el de Saúl.

Con su muerte terminó todo y David compuso un cántico que esta plasmado en el salmo 18 en el que vierte toda su emoción y toda su alegría porque al fin concluye una etapa dolorosísima no solo para él, sino aún para toda su familia y también para todo el pueblo de Israel.

David expresa su alegría porque todos sus enemigos han sido derrotados y ahora podrá asumir como el rey de Israel, pero en sus palabras contenidas en este salmo descubrimos como interpretó el hecho de que terminaba un periodo de guerra y conflicto en su vida y comenzaba una etapa de paz.

La intervención divina fue para David algo indiscutible. Una intervención soberana porque su ayuda fue enviada desde lo alto. La solución a sus dificultades fue de Dios. David lo supo reconocer. De ningún modo creía o pensaba que fue obra de la casualidad. La iniciativa para terminar con todo fue del Señor.

David reconoce también que su situación era difícil. Y la compara como la de alguien que esta en medio de turbulentas aguas. Aguas embravecidas como las de un fuerte caudal de un río o como las olas del mar que ponen en peligro la vida de quien por alguna razón ha caído allí.

Por eso Dios tuvo que tomarlo o salvarlo porque nada ni nadie más podía sacarlo de esa situación. David sabe de donde vino su redención. David reconoce de donde surgió el plan para ponerlo de nueva cuenta fuera de peligro. Dios lo había tomado para ponerlo bajo resguardo.

Finalmente Dios lo había librado de todos sus enemigos y lo llevaba del peligro a una zona de seguridad para cumplir con sus planes. Celebremos a ese Dios que al igual que con David nos salvó con mano fuerte y poderosa y nos tomó de aguas turbulentas.

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