La obediencia es la expresión de nuestro amor a Dios

Dice la Biblia en Juan 15: 10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

La única manera de permanecer en el amor del Señor es obedeciendo sus mandamientos. Cristo lo planteó así. Permaneció en el amor de su Padre gracias a su obediencia. Una obediencia que lo llevó hasta la muerte y muerte de cruz como dice el apóstol Pablo.

El amor a Dios se expresa con nuestra voluntad sujeta a las demandas expresadas en sus mandamientos, mandamientos que el propio apóstol Juan dice que no son gravosos, es decir no son demandas que estén más allá de nuestras fuerzas o nuestras capacidades humanas.

Cristo dejó muy en claro con estas palabras que obedecer a Dios es la única manera de disfrutar el amor del Padre. Para disfrutar de esa bendición es necesario dejar a un lado nuestros deseos, someter nuestros planes y proyectos a su bendita soberanía y renunciar a nuestro yo.

Cristo mismo renunció a eso cuando en el huerto de Getsemaní oró al Padre diciéndole que si era posible que el sufrimiento y dolor de la cruz podían ser evitadas que así fuera, pero que no se hiciera su voluntad, sino la voluntad del Padre. Cristo permaneció en el amor del Padre aunque fue doloroso. Así también nosotros debemos permanecer.

A cambio tendremos garantizado siempre su compasión, bondad, misericordia, piedad y su amor incondicional. No debemos olvidar que el amor de Dios es el tema central de la predicación de Cristo. La salvación de la humanidad nace de ese concepto. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna.” Juan 3: 16

Dios espera de nosotros la misma actitud que Él tuvo. Desea que le amemos. Nunca debemos olvidar que él nos amó primero.

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