La superioridad de Cristo se demuestra porque venció a la muerte

Dice la Biblia en Colosenses 1: 18

18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

Introducción

Otro de los argumentos que Pablo utiliza para describir la superioridad de Cristo es señalar que Jesucristo es “el primogénito de entre los muertos” para apuntar su poder sobre la muerte al resucitar al tercer día, según nos enseñan los evangelios y las epístolas del Nuevo Testamento.

Ningún otro personaje de la historia de la humanidad alcanzó ese poder. Todos los grandes pensadores o todos los “iluminados” como algunos llaman a Mahoma, Confucio, Buda pueden reclamar tal condición. Todos ellos tienen sus mausoleos y tumbas, solo el sepulcro de Cristo está vacío.

En la Biblia encontramos personas que resucitaron, pero volvieron a morir. Solo Cristo resucitó y vive para siempre. Su poder lo llevó a derrotar la muerte para volver a vivir como nadie lo había hecho.

Pablo desea que los Colosenses puedan apreciar esta profunda verdad y logren destruir toda construcción paralela de cualquier personaje o creatura que ocupe el lugar que solo le corresponde a Cristo. La preeminencia de Cristo está por encima de todo, nada ni nadie puede ocupar su lugar.

El apóstol nos remite, para ello, al suceso que debemos tener presente siempre, del hecho que debemos guardar en nuestra memoria y nunca olvidar: que Cristo venció a la muerte que dicho en términos sencillos significa: Que Cristo vive, que su presencia es real a cada momento en la vida del creyente.

La resurrección de Cristo lo presenta justo como él es. Poderoso y sin igual. Haberse levantado de los muertos como primicia o primogénito de todos los que durmieron le da  nuestra fe la certeza, hace que lo que creemos tenga sentido y sobre todo que lo que esperamos de él tenga firmeza y seguridad.

Cristo se levantó de los muertos para dar vida. El poder de su resurrección hace posible la transformación del creyente y le permite andar en novedad de vida. La resurrección debe ser vista siempre como una relación estrecha entre el hijo de Dios y Cristo. La derrota de la muerte incide directamente en la vida del creyente.

Tiene una conexión directa porque ánima y reanima la certeza de que después de la vida hay una esperanza de todo aquel que depositó su fe en Jesucristo y que la vida eterna es un hecho real que habrán de tener quienes le reconocieron como su Salvador y Señor en este mundo.

 La superioridad de Cristo se demuestra porque venció a la muerte

  1. Fue el primero y único en hacerlo
  2. Para ocupar el primer lugar en todo

Síntesis

En capítulo 15 de la 1ª Carta a los Corintios Pablo desarrolla ampliamente esta verdad. La iglesia tiene como base o fundamente la veracidad de la resurrección de Cristo. En ese pasaje Pablo declara categórico que si los muertos no resucitan la fe que nosotros tenemos es digna de conmiseración.

También dice que si lo muertos no resucitan comamos y bebamos que mañana moriremos. El cristianismo pierde todo su sentido si seguimos a una persona que está muerta, pero Cristo vive, Él no está muerto, luego entonces nuestra fe es de los más seguro que hay en este mundo.

  1. Fue el primero y único en hacerlo

Cuando se habla de la resurrección se habla de una enseñanza que Cristo hizo una y otra vez a sus discípulos. En Mateo 16:21, 17: 9, 20: 18-19 y 26: 32 y también en Lucas 9: 22-27 y Juan 2: 18-22.

Los cuatro evangelios registran desde diferentes ángulos este suceso. Mateo nos lo presenta como un hecho que desde el principio trató de ser negado por los judíos, según leemos en el capítulo 28 de ese evangelio que nos ofrece un relato pormenorizado de ese primer día de la semana.

Marcos nos ofrece una perspectiva más íntima del suceso porque nos recuerda lo que ocurrió entre los discípulos cuando descubrieron que el cuerpo de Cristo no estaba en el sepulcro: todos ellos no creyeron. Fue un suceso sobrenatural que ni sus propios seguidores lo entendieron.

En el caso de Lucas su relato sobre la resurrección se centra en las apariciones de Jesús a sus seguidores para convencerlos de lo que ya les había dicho con anterioridad: que tendría que sufrir mucho por ellos en Jerusalén, pero que al tercer día el resucitaría, pero ellos se tampoco lo recordaron.

Cuando revisamos el relato de Juan sobre ese evento trascendental encontramos dos capítulos que resumen lo que Cristo hizo los cuarenta días que estuvo con sus discípulos conminándolos  deponer su incredulidad y aceptar la resurrección como parte importante de sus vidas.

En el Nuevo Testamento encontramos personajes como Lázaro, la hija de Jairo y el hijo de la viuda de Naín que fueron resucitados de Cristo, pero ellos volvieron a morir. Sólo Cristo derrotó la muerte y según leemos en el evangelio de Mateo, el sentido de la frase “primogénito de los muertos” lo encontramos explicado en 27: 52.

Cristo es el primogénito o el primero en resucitar para que luego de él otro muchos, pero muchos más, se levanten de la muerte cuando él regrese en su gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.

Además de resaltar su poder sobre la muerte y su superioridad sobre la creación, el hecho de que Pablo diga que es el primogénito de entre los muertos, resalta lo prometedor que puede resultar seguir a Cristo porque la muerte será derrotada finalmente en la vida del creyente.

Los Colosenses se había equivocado garrafalmente cuando desplazaron de su lugar a Cristo y pusieron sus tradiciones, filosofías y hasta seres angelicales en su lugar, Cristo merece y debe tener el primer lugar en todo. Su resurrección le da toda las credenciales para ser el primero y único.

2. Para ocupar el primer lugar en todo

La palabra griega para preeminencia es “proteuó” cuya raíz etimológica es proto que significa “primero” o “primer lugar.

La primogenitura entre los muertos coloca a Cristo o debe colocar a Cristo en un peldaño inalcanzable. En un lugar donde nadie más pueda llegar porque nada ni nadie podrá competir jamás con él. Su grandeza e inmenso poder quedan claramente manifestados con su resurrección.

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