Las preguntas de Jesús: ¿A ti qué?

¿A ti qué?, la pregunta para concentrarnos en nosotros y no en los demás

Dice la Biblia en Juan 21: 20-23

20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? 22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. 23 Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?

Introducción

Pedro y Juan vivieron muchas experiencias con Cristo. Ellos dos junto con Jacobo, el hermano de Juan, fueron los tres apóstoles que en más eventos y sucesos estuvieron con Cristo. Pero sin duda, Pedro y Juan fueron los discípulos que presenciaron más situaciones con Cristo.

Estuvieron junto, por ejemplo, en la casa de Jairo cuando Cristo resucitó a la hija de ese varón. Marcos 5: 37. En Marcos 9: 2 los encontramos juntos de nueva cuenta en el monte de la transfiguración, donde Cristo los llevó para revelarse como la conjunción de la ley y los profetas. Según Marcos 1: 29 estuvieron en la casa de Pedro.

Y al final cuando Cristo resucitó los volvió a tener juntos. Después de resucitar, estuvo con sus discípulos 40 días y justamente durante ese período ocurre el pasaje que hoy estudiaremos. En los últimos versos de Juan encontramos una pregunta punzante de parte del Señor.

Fue una interrogante dirigida específicamente a Pedro, quien por esos días apenas se reponía de la traumática negación que había hecho de Cristo y Jesús trabaja en su vida para restaurarlo. Jesús le había dado la encomienda de confirmar a sus hermanos y Cristo esta puliendo su carácter.

Pedro mostró de nueva cuenta su talante y personalidad al sentir que las palabras que Cristo les estaba dirigiendo eran muy fuertes. Cristo le estaba anunciando a Pedro la vida que llevaría una vez que se dedicara a servir al Señor. Les estaba planteando que dejaría de vivir bajo sus propios deseos y quedaría sujeto a otros.

Pedro entendió completamente que en determinado momento su vida dejaría de ser de él para pasar a ser de otra persona. Era una especie de profecía sobre lo que habría de acontecer en su vida. Algo que definitivamente le incomodaba mucho.

Pedro quedó pasmado con lo que le dijo Cristo. Fue una sentencia para expresarle que dejaría de ser un ser autónomo para convertirse en un siervo o esclavo dirigido por donde le placiera a su amo. Era el fin de su vida para sí mismo y el comienzo de una vida controlada por alguien más.

Lo único que Pedro logró preguntar al ver a Juan que venía atrás de él y de Cristo fue sobre el destino de la vida de Juan. Fue una manera de protestar o cuestionar sobre si él habría de sufrir de esa manera, que sería de Juan. Yo voy a pasar esto, pero Juan, qué va a ser de él.

La respuesta de Cristo fue dura. No fue suave. La razón de esta clase de interrogante es que Pedro debía ocuparse solamente de lo que sería su vida o de lo que era su existencia y dejar a un lado lo que el Señor haría con otros.

Esta pregunta nos auxilia demasiado a la hora de pensar en lo proclive o la inclinación que tenemos de no abocarnos a lo nuestro: sea trabajo, estudios o labor en cada una de nuestras casas, sino que siempre vemos que van hacer los demás o como ellos van cumplir con las obligaciones que les toca.

Hemos decir que solo nos preocupan los demás cuando de responsabilidades se trata porque cuando hay privilegios, nada se ocupa de los demás. En realidad si a Pedro se le hubiera dicho que todo le iría bien, que recibiría dinero, casas o terrenos, no habría dicho nada sobre Juan.

Es un caso muy parecido al ocurrido entre María y Martha, las hermanas de Lázaro. Martha fue con el Señor para decirle que su hermana María no estaba haciendo nada con sus responsabilidades domésticas. En Lucas 10: 38-42. Es un mal muy extendido entre los seres humanos cuando de obligaciones se trata.
Regresando al tema de Pedro y Juan. Pedro quería saber que cargas habría de llevar Juan. Y Jesús le respondió con una pregunta con la cual debía de razonar y reflexionar recordando siempre que cada uno de nosotros llevará sus propias cargas, sus propios desafíos y sus particulares retos.

A pesar de que los tuvo entre los doce, los llevó a eventos únicos a donde los demás apóstoles no estuvieron, definitivamente cada uno de ellos, me refiero a Pedro y Juan, habría de enfrentar sus particulares pruebas o encomiendas. Gálatas es categórica en esta verdad: Gálatas 6: 5. Con la pregunta ¿a ti qué? Jesús quería y quiere que sus seguidores entendamos que cada uno de nosotros fue llamado a cargar su particular cruz, que si bien estamos bajo un mismo Señor, una misa fe y un mismo Espíritu, cada uno de nosotros habrá de ser llevado por un camino totalmente distinto al de otros.

Esa será siempre una decisión soberana del Señor y en lugar de perder el tiempo preguntando o cuestionando por qué alguien carga una cruz más fuerte que otro, todo esta en las manos de Dios que siempre sabe lo que es mejor para cada quien y sobre todo que nunca se equivoca.

Cristo estaba decidiendo el final de sus dos apóstoles. Uno que le negó y otro que le siguió hasta el último momento durante los difíciles días de la crucifixión. Pedro lo desconoció, en cambio Juan estuvo en la casa del sumo sacerdote durante el interrogatorio, estuvo al pie de la cruz, mientras Pedro se escondía.

Y si Pedro murió crucificado, según cuenta la tradición y Juan murió en buena vejez. Los caminos del Señor son siempre inescrutables.

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