El poder transformador de la Biblia

Dice la Biblia en Salmos 19: 7 “La ley de Jehová es perfecta que convierte el alma…”.

Es imposible dejar de asociar la espiritualidad de David con la Escritura. Fue un hombre que conoció Dios a través de la Torá judía. Tempranamente descubrió al Dios del universo mediante los mandamientos contenidos en los primeros cinco libros de la revelación divina.

La Torá o ley judía era para David y lo sigue siendo para los lectores de la Biblia algo perfecto. La palabra perfecto que usa la versión Reina Valera 1960 en este texto procede de la raíz “tamim” que se traduce en otros pasajes como “sin defecto”, “sin mancha”, “intacto” y “completo”.

El adjetivo que David usa para referirse a la Escritura no es casual ni accidental. Los cinco primeros libros de la palabra de Dios como los otros 61 restantes son perfectos o completos porque en ellos están contenidos los conocimientos necesarios o suficientes para que el hombre encuentre sentido a su vida.

Ningún defecto tiene la Escritura, ninguna mancha o ninguna imperfección lo que garantiza que quienes a ella se allegan alcancen también un estilo de vida sin yerros o equivocaciones porque están afianzados en la palabra de Dios que no puede producir personas erradas.

Por eso David declara contundentemente que una de los resultados o una de las consecuencias inmediatas de la Biblia es que convierte el alma. La palabra convertir en hebreo procede la raíz “shub” es rica en significados. Se traduce como “traer de regreso”, “retroceder”, “volver”, “devolver”, “recuperar” y “restaurar”, entre otras.

La idea que nos enseña la palabra convertir o “shub” es que la palabra de Dios es capaz de restaurar o recuperar el alma de todos los que leen, estudian y meditan la bendita revelación divina. El alma del hombre o su interior es recuperada para Dios, retrocede en sus pensamientos e ideas y regresa o retrocede a su estado original.

David sabía perfectamente los efectos que trae consigo el estudio de la Biblia. Una meditación comprometida invariablemente traerá consigo una trasformación en el ser interno del hombre. Allí donde los cambios son profundos y sin cosméticos. El cambio que hace la Biblia en el ser humano jamás será superficial. Será en lo más interno.

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