Una conciencia limpia

Dice la Biblia en 1ª Timoteo 1: 5 Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida.

Dios diseñó a los seres humanos con conciencia. La conciencia moraliza al hombre, es decir le indica internamente lo bueno y lo malo. El hombre fue creado así con la capacidad de distinguir entre el bien y el mal. Antes de que el pecado frustrará los propósitos en la vida humana la conciencia estaba inmaculada, pero el pecado la afectó.

No obstante cuando el pecado entró en el mundo, la conciencia comenzó a operar en la vida de los seres humanos. Adán le contestó a Dios cuando lo buscó en el huerto del Edén que tuvo miedo porque estaba desnudo. Supo que carecía de ropa y eso le hizo sentirse mal ante el Creador. La conciencia comenzaba así su labor entre los hombres.

El Nuevo Testamento utiliza esta palabra al menos unas 30 veces. Lo hace para hacernos ver su función, a veces su afectación y en otras ocasiones lo hace para que consideremos que todos la tienen, algunos son débiles con ella y otros la han perdido de tal manera que la tienen cauterizada. Pablo le dice a Timoteo que el evangelio busca una buena conciencia.

Es un hecho que debemos recordar que la conciencia es una aliada de Dios para perfeccionar la vida del creyente. Ella nos acusa y condena o nos señala y absuelve. Testifica contra nosotros tanto para bien como para mal, es decir nos señala nuestros yerros o nos reconoce nuestras buenas acciones.

El creyente debe servir a Dios con limpia o buena conciencia. Pablo procuró siempre hacerlo así. Es el primer gran filtro para saber si lo que estamos haciendo es honesto y de corazón. Si la conciencia no nos aprueba o nos condena, significa que estamos cayendo en una gran hipocresía.

A Dios le interesa sobre manera que el creyente tenga su conciencia limpia y la sangre de Cristo tuvo como finalidad limpiarla, renovarla, hacer de nueva cuenta útil para que de esa manera se sirviera a Dios con todo nuestro ser porque una buena conciencia siempre nos dirigirá al bien.

Vivir con buena conciencia nos hará vivir agradando a Dios, pero eso no significa que no tengamos problemas. Vivir de esa manera en un mundo que le ha dado la espalda no solo a Dios, sino a su propia conciencia hará que suframos por vivir de esa manera. La rectitud que resulta de vivir bajo el imperio de la conciencia agrada a Dios, pero desagrada al mundo.

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