Los ejemplos de los matrimonios

Dice la Biblia en 2º de Reyes 8: 26 De veintidós años era Ocozías cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre fue Atalía, hija de Omri, rey de Israel.

Los padres de Ocozías fueron Joram y Atalía. Esta pareja fue contemporánea de una de las parejas más sanguinarias que tuvo el reino del norte o de Samaria en las personas de Acab y Jezabel. De hecho el segundo Libro de los Reyes nos señalan con toda claridad que fueron consuegros.

Jezabel, símbolo del mal y la encarnación o personificación de la maldad cogobernó con su esposo Acab. Fue despiadada e inmisericorde con sus súbditos y cuando parecía que no podría haber una monarca todavía más perversa, apareció un mujer llamada Atalía que no sólo se hizo presente en el gobierno de su hijo, sino que se autoproclamo reina de Judá.

Atalía fue siniestra como ella sola. Cuando su hijo Ocozías murió ella se hizo reina y ordenó matar a toda la descendencia real. Hubiera logrado su propósito de convertirse en reina por mucho tiempo, sino hubiera sido por una hermana de Ocozías de nombre Josaba que escondió a uno de los hijos de su hermano para hacerlo rey.

Con la ayuda del Joida, un sacerdote de los tiempos de Atalía, se logró deponer a esta mujer como reina y se convirtió rey a uno de los hijos de Ocozías llamado Joás, quien finalmente se convirtió en el gobernante del pueblo de Judá y Atalía murió por todas sus transgresiones y su triste historia quedó en el olvidó.

Es evidente que el matrimonio de Joram y Atalía recibieron mucha influencia del matrimonio de Acab y Jezabel. Dicha verdad nos recuerda algo sumamente importante en la relación de pareja: se deben escoger con todo cuidado los modelos a seguir a la hora de vivir en matrimonio.

Bajo ningún motivo se debe seguir parejas que practiquen el egoísmo o que en lugar de vivir en armonía o que avaricien la vida fácil o hagan de la vida matrimonial un contrato solo con intereses muy personales en los que prive el desgano y se viva de manera voluntariosa y caprichosa.

Si no se pone cuidado a la hora de seleccionar a quienes han de servir de modelo para nuestro matrimonio, estaremos sentando las bases de un estrepitoso fracaso como consortes. El modelo más efectivo es el que señala la Escritura donde encontramos decenas de buenos ejemplos de matrimonios sujetos a la voluntad de Dios.

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