De sencillos a sabios

Dice la Biblia en Salmos 19: 7

“…El testimonio de Jehová es fiel que hace sabio al sencillo.”

Una de las más grandes y hermosas virtudes que tiene la palabra de Dios es su poder transformador. La Escritura tiene una capacidad demoledora a la hora de cambiar o modificar al ser humano. Ningún otro libro puede reclamar tal condición. La Biblia altera para bien los valores del hombre.

Nadie que la toma como su libro de cabecera puede ser el mismo después de días, semanas y años adentrándose en sus páginas. En los 66 libros que la integran desde el Génesis hasta el Apocalipsis encontramos esta verdad. Hombres y mujeres que se acercaron con humildad a la revelación divina fueron iluminados y cambiados.

El salmista se refiere a la Escritura con la expresión “el testimonio de Jehová es fiel” para recordarnos que lo que Dios ha dicho se cumplirá: tantos sus promesas como sus advertencias jamás dejarán de cumplirse. Dios es fiel y siempre cumple lo que promete. Eso es indudable.

Esta profunda verdad que establece la propia palabra de Dios tiene una manifestación en la vida del creyente: hace sabio al sencillo y justamente allí radica la grandeza de nuestro buen Dios porque toma hombres y mujeres sencillos o con conocimientos básicos para convertirlos en hombres y mujeres sabios.

La Biblia es un libro que tiene esa enorme bendición: puede ser entendida por un niño que sabe leer y escribir hasta por un anciano y a todos los que la leen y obedecen les da sabiduría para decidir lo mejor en sus vidas. Cambia a personas simples en personas con sabiduría. Sabiduría en el sentido de saber que decisiones tomar en asuntos personales.

Ningún cambio puede ser más significativo en la vida de las personas que la de pasar de ser una persona carente de sentido común a ser alguien con capacidad tomar buenas determinaciones a la hora de presentarse situaciones complejas o circunstancias difíciles en las que se necesita saber qué hacer.

Cuando los gobernantes tuvieron frente así a los apóstoles de Cristo se admiraron por su capacidad para debatir con ellos pues los seguidores del Señor eran personas del vulgo o personas sencillas, pero ellos olvidaron que la palabra de Dios hace sabio al sencillo y lo convierte en una persona con capacidad para defender su fe frente ante cualquiera.

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