El contraste entre el justo y el injusto

Dice la Biblia en Proverbios 10: 30 El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra.

Al libro de Proverbios le gusta contrastar la existencia humana. Es un libro para aprender a diferenciar entre el prudente y el imprudente, entre el necio y el insensato y por supuesto entre el justo y el injusto, no solo en lo concerniente en esta vida, sino en el futuro eterno que les depara a ambos.

También el libro de Proverbios y otros libros de la Escritura como Salmos resaltan la promesa de una tierra en la que habitarán todos aquellos que comprometieron su vida con lo bueno y que ésta tierra esta vedada o restringida para los malvados o todos aquellos que rechazaron vivir de acuerdo a las demandas justas del Creador.

Dios, según nos enseña Proverbios, tiene una preferencia sobre los justos, aquellos que a pesar de las dificultades propias de la existencia humana mantienen su fe y confianza en Dios y que también a pesar de las tentaciones e incitación al mal que encuentran en la vida, se aferran al Señor.

A esta clase de hombres y mujeres Dios les ha prometido que no serán removidos. La palabra removidos algunas versiones la traducen como tropiezo o fracaso. Comprendido así el término “tropiezo” queda claro que la promesa que Dios le está dando a los justos es que no fracasarán, en otras palabras que no serán avergonzados o defraudados en su fe.

Jamás Dios dejará de conmoverse por sus hijos que trataron con todas sus fuerzas de servirle, nunca dejará que caigan en situaciones donde sean objeto de burla y oprobio por su fe en Dios. Dios se está comprometiendo a sostenerlos cualquiera que sea la situación que atraviesen para conducirlos a la tierra que recibirán por heredad, la vida eterna, pues.

En contraste, los impíos no heredarán la tierra. Ellos, lo que se entregaron a la maldad y que disfrutaron haciendo mal en este mundo no tendrán ninguna recompensa. Perderán el galardón de la vida eterna por haber decidido darle la espalda al Creador y vivir bajo sus propios designios.

El proverbista hace esta diferenciación con dos propósitos: el primero alentar a los justos para seguir viviendo bajo el temor de Dios y el segundo para destacar que los impíos no recibirán ningún reconocimiento o premio por su vida. Nada obtendrá por conducir su vida alejados de los principios de Dios.

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