Matrimonios al servicio de Dios

Dice la Biblia en Romanos 16: 3 Saludad a Priscila y Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús.

Pablo conoció al matrimonio de Priscila y Aquila en la ciudad de Corinto a la que habían llegado de Roma por un decreto del emperador Claudio que ordenó que todos los judíos salieran de Roma. La salida de los hebreos de Roma ocurrió alrededor de los años 49 y 50 de nuestra era. Allí compartió con ellos la predicación de Cristo y también el mismo oficio que era el de hacer tiendas.

El matrimonio se convirtió en una gran amistad para el apóstol. Lucas los menciona en Hechos 18: 2. Pablo los recuerda en la 1ª Carta a los Corintios 16: 19 y también en la 2ª Carta a Timoteo 4: 19 donde el nombre de Priscila se contrae para llamarse Prisca. La segunda epístola de Timoteo se escribió entre los años 67 y 68 de nuestra era.

Fue la última carta que Pablo escribió antes de su inminente muerte que describe en ese escrito. Es interesante notar que desde que se conocieron en el año 49 o 50 en Corinto hasta los saludos finales de esa última epístola de Pablo en los años 67 o 68 han transcurrido casi 30 años. Tres décadas de amistad entre Priscila y Aquila y Pablo.

Ese matrimonio siempre fue elogiado por Pablo no solo por ser sus colaboradores, sino porque arriesgaron su vida con tal de proteger la vida del apóstol y la gratitud de Pablo por ellos fue enorme e inolvidable. Pablo sabía que contaba con colaboradores al cien por ciento en ese matrimonio.

Construir un matrimonio como el Aquila y Priscila comprometidos con una causa, solidarios entre ellos, que se levantan ante las adversidades, que ayudan a los demás y que trabajan material y espiritualmente juntos, solo puede surgir del profundo amor a Dios y también del amor entre ellos.

Priscila y Aquila amaban profundamente la obra de Dios. Ambos se esforzaban con tal de servir y en esa labor encontraban su realización personal y en consecuencia el amor entre ellos se acrecentaba.  Ellos son una muestra palpable que colaborar como servidores en la obra de Dios solidifica la relación matrimonial.

La mayor enseñanza que podemos aprender de esta pareja del primer siglo es que los matrimonios al servicio de Dios no solo perduran, sino que convierten la relación en una gran aventura.

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