La huella imborrable del pesebre: la renuncia de privilegios

Dice la Biblia en Lucas 2: 7 Y dio a luz a su hijo primogénito y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el mesón.

En relato que Lucas hace sobre el nacimiento resalta sobremanera la manera en que recalca la palabra “pesebre”. En relato de su evangelio 2: 1-20 usa en tres ocasiones la palabra pesebre. En el verso siete, doce y dieciséis. De hecho la palabra solo se utiliza en cuatro ocasiones en el Nuevo Testamento y las cuatro en ese evangelio. En Luc. 13: 15 es la cuarta.

La palabra griega “phatné” ha suscitado las más diversas opiniones sobre a qué clase de lugar se refería el evangelista. Algunos piensan que era un establo, un lugar donde se guardan los animales domésticos y otros más piensan que en realidad Lucas está hablando de una cueva. Sea como sea, el hecho es que Jesús no nació en una casa convencional.

De los cuatro evangelistas, Lucas es el único que registra este hecho. Ni Mateo, ni Marcos ni Juan fijan su atención en este detalle, un detalle que nos revela mucho de lo que habría de ser el ministerio de Cristo y que nos enseña mucho acerca del Hijo de Dios encarnado en la persona de Jesucristo.

Al nacer en el pesebre, Jesús se estaba identificando plenamente con los desvalidos, con los segregados y con los pobres y a la vez dando un ejemplo de suprema humildad a los poderosos, a quienes los bienes materiales de este  mundo les han sido otorgados y las penalidades por el pan de cada día son tan distintos que la de los necesitados.

El pesebre nos recuerda una y otra vez a todos que el Rey del Universo no tuvo ninguna consideración consigo mismo. Desde su nacimiento no hubo ninguna clase de concesión hacia su persona. La humanidad le negó un lugar digno de su grandeza, pero el aceptó el hecho sin ninguna contrariedad.

El pesebre apunta, entonces, hacia la renuncia de privilegios, a rechazar cualquier concesión con tal de cumplir con la voluntad de Dios, la ausencia de todo tipo de preferencia o beneficio, pero sobre todo a la dimisión de todo derecho que por ley le correspondía a quien era y es dueño del cielo y de la tierra.

El pesebre nos conduce una y otra vez a la comprensión de la clase de actitud que Cristo espera de sus seguidores durante su peregrinaje en este mundo. Nos ayuda a enfrentar las adversidades que muchas veces vienen desde que nacemos y se acumulan a lo largo de nuestro paso por este mundo.

Cuando la adversidad o las dificultades se acrecientan alrededor de nosotros, cuando los males parecen adueñarse de nuestra vida o cuando las cosas nos salen muy bien, el pesebre nos recuerda que seguimos a un ser que se dio así mismo sin importar que desde su nacimiento fue despreciado.

La huella imborrable del pesebre: la renuncia de privilegios

  1. Porque no había lugar en el mesón
  2. Porque serviría de señal
  3. Porque allí sería encontrado

Síntesis

Cuando se piensa en el nacimiento de un rey o el hijo de un rey, el primer pensamiento que viene a la mente es un lugar fastuoso donde habrá de nacer. Una habitación de un palacio o un lugar especial. Nunca en un lugar pobre o con necesidades y mucho menos en un pesebre.

Jamás podríamos comprender o aceptar como un rey puede o deba nacer en un lugar tan inapropiado como un establo o una cueva. Simplemente es inaceptable, no que alguien nazca en un espacio así, sino que quien nace allí se diga o se proclame el dueño de todo lo creado.

De allí la relevancia del relato del evangelio de Lucas. Nos muestra la sencillez de quien adoramos, la humildad de un ser que vino a traer luz y paz a un mundo en oscuridad y convulsionado para nunca olvidar que nuestro Maestro jamás reclamó para sí lo que por derecho le correspondía.

  1. Porque no había lugar en elmesón

Lucas 2: 7 Y dio a luz a su hijo primogénito y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el mesón.

Un decreto de César Augusto provocó que el matrimonio de José y María se desplazara de la ciudad de Nazaret a Belén, un recorrido de más de 110 kilómetros de distancia. Ese viaje lo tuvieron que hacer muchos porque los romanos querían censar o contar a los judíos y querían hacerlo desde el lugar de sus antepasados.

Como era de esperarse cientos de personas regresaron a sus lugares de origen y en Belén de Judea, una villa localizada al sur de Jerusalén de pronto se vio abarrotada de ciudadanos que volvían a la tierra de sus antepasados con lo que todos los lugares de hospedaje se vieron saturados.

La pareja de José y María apenas alcanzaron a llegar a Belén y se cumplieron los días de alumbramiento de ella. La urgencia de contar con un lugar para el nacimiento de su hijo los llevó a buscar un mesón, pero estaba tan llena la ciudad que les fue imposible encontrar un lugar.

El único espacio que alcanzaron a tener fue un pesebre que les ofrecieron como única y última opción y sin más lo aceptaron. No era lo más idóneo posible, pero satisfacía la urgente necesidad de contar con un espacio para el trabajo de parto y posterior nacimiento de Jesús.

Lucas retrata así la primera de muchas contrariedades que tuvo el Señor durante su paso por la tierra. La humanidad fue incapaz siquiera de darle un recibimiento digno de su persona y digno de su grandeza. En lugar de abrirle el mejor lugar, lo mandamos a un pesebre.

El Padre Eterno podía proveerle un lugar mucho más digno, claro que sí. Pero desde su arribo a este mundo, Cristo nos enseña que la humildad conlleva a la renuncia de toda grandeza. La sencillez de su evangelio nos confronta cuando la altivez o la soberbia nos nublan la vista y la mente para recordar que seguimos a alguien que no tuvo empacho en nacer en un lugar como un pesebre.

Con tantas casas en Belén en ninguna hubo una familia que tuviera consideración de una pareja que deambuló por algunas horas buscando un lugar donde naciera su hijo y humildemente aceptaron que naciera rodeado de animales en una clara expresión de su renuncia a cualquier privilegio.

2. Porque serviría de señal

Lucas 2: 12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

Un ángel enviado por el Señor a unos pastores les anunció el nacimiento del Salvador en Belén. Belén era comunidad dedicada a la crianza de ovejas que servían para los sacrificios en Jerusalén. Era una actividad en la que participaban muchos que cuidaban de sus ovejas de noche y día.

A estos pastores fue a los que el ángel anunció que había nacido ya el Mesías y les dio una señal o una clave para que lo reconocieran: el Cristo había nacido y lo encontrarían en un pesebre o establo. Algo tal vez inusual, pero inaceptable si era el Ungido del Señor porque era un lugar indigno para el Hijo de David.

La señal del pesebre fue la manera en la que Dios dirigió a estos hombres. No sería difícil encontrarlo porque al preguntar en Belén de Judea por un recién nacido de inmediato se conocería que una mujer dio a luz en un pesebre. La señal se hizo indispensable para que llegaran a Cristo.

El pesebre es una señal para la cristiandad. Una señal de un santo ser que se despojó de todos sus atributos y poderes para rescatar a una extraviada humanidad enfocada en sí misma. Nos conduce a los pies de un hombre que demostró una y otra vez ser el Hijo de Dios, pero a la vez nos mostró la enorme sencillez de su vocación.

La señal del pesebre constituye para toda la humanidad el hecho más sorprendente y más efectivo para tener presente siempre que la humildad será siempre el signo distintivo de quienes se dicen seguidores de Jesús.

3. Porque allí sería encontrado

Lucas 2: 16 dice Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

Del nacimiento de Cristo tuvieron conocimiento, además de los pastores de Belén, Herodes y los escribas y principales sacerdotes de Jerusalén. Pero solo los pastores acudieron velozmente a comprobar esta noticia y efectivamente lo hallaron allí porque el busca encuentra.

En el pesebre muchos solo ven a un niño que hace de la Navidad un festejo o celebración en la que muchas veces sus enseñanzas y lo que en realidad quiso transmitir naciendo en un lugar así se olvida o se ignora para dar paso a acciones o actitudes egoístas y altivas para agradarse a uno mismo.

Los pastores lo encontraron allí porque lo buscaron. Los fariseos e intérpretes de la ley no pudieron localizarlo porque sencillamente cuando supieron que había nacido en lugar de salir disparados para Belén se quedaron en sus casas teorizando sobre si sería verdad el anuncio de los magos de oriente.

La pregunta de esta celebración es, entonces, si seremos capaces de ser como esos pastores que dejaron sus rebaños y encontraron al Señor o seremos como los escribas que seremos incapaces de dejar nuestra actividades para darle lugar al niño recostado en un pesebre.

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