Cristo nos ha convertido en sus amigos

Dice la Biblia en Juan 15: 15 Ya nos os llamaré siervos, porque el siervo nos sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os la he dado a conocer.

La relación amo-siervo Jesús la retrató de manera clara cuando puso este ejemplo entre sus discípulos en el evangelio de Lucas 17: 7-9:  

¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?  ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?  ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.

Ellos entendían perfectamente la relación entre un esclavo y su señor porque lo veían cotidianamente en su entorno. Por eso las palabras de Cristo hablando de la clase de relación que él tendría con ellos resultaba una grata promesa porque serían tratados como se trata a un amigo entrañable.

De hecho ya les estaba dando un trato así de especial como el que se le da a una amistad porque les estaba dando a conocer las revelación del Padre celestial. Los apóstoles estaban conociendo de primera mano y de forma directa la expresión del Padre en la persona de Jesucristo.

Hablarles del Padre fue su principal objetivo de Cristo durante su ministerio terrenal. Ese Ser que las tradiciones y preceptos humanos de los fariseos y escribas había convertido en alguien distante y lejano y en ocasiones inaccesible debido a tantos y tantos requisitos y formulismos de hombre creados alrededor de una relación que se truncó.

Al aparecer Cristo y comenzar a hablar o revelar las verdaderas intención del Padre celestial, la comprensión de la voluntad de Dios se tornó más comprensible. Supimos, por ejemplo, que el Padre nos amaba, nos había escogido y nos tiene preparado un destino que va más allá de esta tierra o esta vida.

De ser enemigos de Dios por nuestra obstinación en el pecado, vinimos a ser o nos convertimos en sus amigos. Al igual que Abraham, con la obediencia de por medio, nos convertimos en sus amigos y ya no en sus siervos porque un siervo no sabe lo que hace su señor.

Cristo es ahora nuestro amigo, una amistad superior porque Él jamás falla ni abandona.

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