Las preguntas de Jesús: ¿Cuántos panes tenéis?

Dice la Biblia en Marcos 6: 38

El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces.

Introducción

Esta pregunta Jesús se la hizo a sus 12 discípulos cuando desde temprano los siguió una multitud de cinco mil hombres lejos de un ciudad o una villa y se había hecho tarde y esta enorme cantidad de hombres, sin contar niños ni mujeres, no habían comido lo que representaba un problema para todos.

Los discípulos pensando o creyendo que Jesús no tenía en consideración esta situación, “se le adelantaron” sugiriendo que lo mejor que se podía hacer era despedirlos e indicarles que se fueran a comprar comida. Eso era lo más lógico o lo más razonable. Solo que los apóstoles apenas empezaban a entender que con Jesús lo lógico no era siempre lo más acertado.

El lugar era desierto, se hacía de noche y era muchísima gente. Todo un problema. Para los discípulos. Ellos no sabían que Cristo había sentido y tenía una gran compasión por toda esa gente. Por eso comenzó a enseñarles para que supieran el camino de Dios y así cambiar su destino.

Ese es uno de los grandes problemas de los seguidores de Cristo: no vemos a las personas como él las ve. El las miró con compasión y comenzó a predicarles. Los apóstoles vieron lo mismo, pero trataron de resolver un problema evidente de una manera distinta a como Cristo tenía contemplado.

Cristo determinó cambiar esta manera de ver las cosas en sus apóstoles y comenzó un proceso para no solo resolver el problema que los discípulos habían planteado, sino de paso tratar con el corazón de ellos. La alimentación de los cinco mil se convirtió, entonces en una enseñanza que partió de la pregunta que hoy estudiaremos.

Antes de hacerles esta pregunta, Jesús les dijo que fueran ellos mismos quienes dieran de comer a los hambrientos seguidores del Maestro a lo que ellos contestaron que no serían suficiente dos cientos denarios para adquirir alimentos para toda esa gente. Un denario era el salario de un día en esa época. Necesitaban trabajar 200 días, más de medio año, para juntar esa cantidad.

Su respuesta es un dejo de impotencia, pero también de protesta por la sugerencia del Señor. Ellos no podrían jamás alimentar esta multitud y por eso reaccionaron de esta forma, que fue la manera en la que Jesús los llevó a la pregunta que hoy estudiaremos en nuestra serie las preguntas de Jesús.

Lo poco que se tiene al ofrecerlo a cristo se multiplica, solo se necesita disposición

  1.  Porque hay una multitud como ovejas que no tiene pastor

   2. Para ayudar a los necesitados

   3. Para participar de los milagros de Jesús

Dios es especialista en hacer con poco mucho o con nada mucho. Generalmente él hace muchas cosas de la nada. Pero cuando quiere ejercitarnos en la fe, hace muchísimo con lo poco o poquito que tengamos. No es que le haga falta a él, sino que es una manera de enseñarnos lo grandioso que es su poder.

A nosotros nos pide, por ejemplo, tener una fe como un grano de mostaza. Es decir algo muy pequeño, casi microscópico, pero él la hará crecer como un árbol gigante donde las aves hagan sus nidos. Dios desea disposición. Ese es el gran interés que tiene en despertar en nosotros.

Los apóstoles terminaron resolviendo junto con el Señor un problema que ellos mismos habían visualizado en su humana debilidad. La pregunta tuvo como objetivo hacerlos recapacitar sobre un asunto muy interesante: si tu ves un problema es porque tu puede resolverlo.

Síntesis

  1. Porque hay una multitud como ovejas que no tiene pastor

Jesús miró a la multitud como una masa de personas con una profunda necesidad. Los miro como ovejas que no tienen pastor. Las ovejas son animales sumamente dependientes. Son de los pocos animales que para sustentarse necesitan ser dirigidos.

La figura de nosotros como ovejas y el Señor como nuestro pastor retratado en el salmo 23 es la mejor expresión de ese absoluta dependencia que tenemos porque esos animalitos con los que se compara el salmista son absolutamente indefensos y requieren el cuidado de un pastor.

Así miró Cristo a la gente y así están las personas sin su Salvador. Carecen de alguien que las dirija. No tienen a alguien que vea por ellas. No condenarles. Cristo los miró con compasión. La palabra “compasión” en el griego es sumamente interesante. Procede de la raíz “splagchnizomai”, que quiere decir “llevado a las entraña”.

La clase de compasión o amor por ellos que el Señor sintió es tan profundo o intenso que es la intención de la palabra griega compasión. No es cualquier clase de sentimiento, sino una determinación que va más allá de una simple emoción es una actitud de ayuda y apoyo en sus necesidades.

La disposición de ayudar requiere justamente compasión. Esa fue la lección que los discípulos necesitaban aprender. Seguimos a un maestro compasivo que desea que lo imitemos.

2. Para ayudar a los necesitados

La multitud de cinco mil personas de las que habla Marcos eran personas necesitadas no solo de pan material, sino sobre todo del pan espiritual y para ayudarlos necesitamos algo más que buenos deseos.

Los discípulos resolvieron fácilmente el problema que la gente tenía: despídelos, que se vayan a buscar qué comer fue la decisión que ellos tomaron para toda esa multitud, pero Jesús tenía otra idea respecto a como se atendería una situación tan compleja para sus seguidores como alimentar a una gran multitud.

Les dijo que ellos le diera de comer. Dadle vosotros de comer, les ordenó y ellos quedaron abrumados. Ellos sintieron la carga por la gente, pero rehuyeron de ella. Nos sucede muy a menudo: Dios nos muestra la necesidad de alguien y en lugar de apoyarlo espiritualmente, recurrimos a lo lógico.

Para ayudar a los necesitados necesitamos mucha disposición. Se requiere, además de compasión, poner nuestro tiempo y recursos para poder extender nuestra mano a quien necesita ayuda. Los necesitados siempre existirán y en lugar de evitarlos es mejor ayudarles para parecernos a Jesús.

3. Para participar de los milagros de Jesús

La pregunta que Cristo le hizo a sus apóstoles estaba orientada a hacerles ver que lo que tuvieran sería suficiente para obrar el milagro. Jesús pudo aparecer de la nada la comida de esas personas, pero necesitaba aleccionar a sus seguidores.

Ellos no tenían los cinco mil panes para darles un cada uno de los cinco mil, pero tenía cinco panes y dos peces. Eso fue suficiente para obrar un milagro porque cuando disponemos lo poco que tenemos Cristo es experto en multiplicarlo. Los doce lograron juntar entre todos, apenas esa cantidad de comida, pero a Cristo le bastó.

Estoy seguro que esa experiencia les dejó sumamente conmocionados. Cómo de unos cuantos productos se pudo dar de comer a tanta y tanta gente y no solo fue justo, sino que aún sobró para que se recogiera. Fue una demostración del poder del Señor de lo que es capaz de hacer cuando alguien se dispone a entregarle lo poco o nada que tiene.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: