Confianza en el día del juicio

Dice la Biblia en 1ª Juan 4: 17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en el mundo.

Todos los seres humanos lo acepten o no lo acepten, lo esperen o no lo esperen y lo crean o no lo crean un día comparecerán ante el tribunal de Cristo para ser juzgados. Su vida y obra será sometida a una profunda revisión divina por lo que hicieron o dejaron de hacer con el don de la vida que Dios les otorgó.

El juicio de Dios es una verdad que Dios no solo establece en su bendita palabra, sino que de tiempo en tiempo la manifiesta a la humanidad con señales y sucesos que nos recuerdan que este mundo tiene un Creador y lo gobierna de acuerdo a sus perfectos planes y propósitos. El calentamiento global es una manifestación que los juicios de Dios son verdad.

El apóstol Juan escribe sobre este tema a los creyentes del primer siglo para señalarles que el juicio divino no debe atemorizarlos ni asustarlos porque existe un instrumento que permitirá evitarlo o no caer en él. Dicho mecanismo es el amor. El amor entre hermanos o el amor a nuestro prójimo es el salvoconducto para evitarlo.

El amor entre los hijos de Dios servirá como pase a la salvación librando el trono del Señor que ha de juzgar a los vivos y a los muertos para señalar su condenación por haber desobedecido el santo evangelio y haberse negado a creer. El amor nos libra del juicio. El juicio se convierte en un anhelo del creyente que vive amando a sus semejantes.

El regreso de Cristo traerá consigo la revisión de la vida de cada persona para darle según sus obras. El pueblo de Dios esta y estará confiando de que cuando ese día llegue no habrá razón para llenarse de temor porque el amor que se profesan entre ellos los librará de ese trance agudo.

Quienes deben sentirse mal deben ser aquellos que solo viven para sí mismos, para aquellos que no perdonan, para quienes el odio y resentimiento ha llenado su corazón y viven presos de su naturaleza caída que les impide conducirse con amor hacia quienes les rodean. Ellos son lo que deben tener miedo porque el juicio será severo para ellos.

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