Dios que condesciende con los humildes que como siervos le alaban

Dice la Biblia en Salmos 113: 1

Aleluya

Alabad, siervos de Jehová, alabad el nombre de Jehová.

Introducción

El salmo 113 se cantaba la noche de la pascua cuando los hebreos celebraban la salida de Egipto. Tenían que consumir al menos tres productos: un cordero asado, panes sin levadura y hierbas amargas. Estas últimas servían o sirven para recordarles su triste condición entre los egipcios.

La fiesta de pesaj les recordaba la manera en que habían vivido en Egipto. La Pascua era una conmemoración para mantener presente su condición en la que vivieron en una tierra donde llegaron gracias a la ayuda de José y donde luego de cuatrocientos años de estancia se volvieron esclavos.

Su esclavitud fue una de las experiencias más amargas en esa nación porque sus amos fueron sumamente crueles con ellos. No bastó con que aportaran su mano de obra para edificar ciudades completas, los vejaron y humillaron con toda clase de cargas, llegando incluso a matar a los recién nacidos que fueran varones.

Fueron esclavos por cuatro siglos. Esa experiencia no debían olvidar y el salmo 113 ayudaba a mantener en su mente y en su corazón esta importante verdad. Recitarlo la tarde noche en que celebraba esa fiesta era muy útil porque les traía a su mente lo que Dios había hecho esa noche y los días subsecuentes.

Si Egipto les recordaba su esclavitud a Faraón, el salmo 113 les recuerda que ahora son esclavos del Señor. La liberación de Egipto cambió el amo al que tenían que servir, si habían servido a Faraón, quien los había maltratado y hecho mucho daño, ahora su amo era el Señor que los trataba siempre bien y que les prodigaba beneficios.

Esa era su nueva realidad. Salieron de Egipto no para vivir bajo su propia determinación, sino para vivir al amparo y sujeción de Dios, quien les mostró su inmenso poder y quien condescendió con ellos para transformar su realidad y sacarlos de su lamentable condición espiritual y social.

El cambio que experimentaron fue drástico, de vivir bajo el yugo infame y autoritario de Faraón una mañana despertaron y se dieron cuenta que ya no tenían que obedecer a los crueles capataces, ni tenían que forzarse por cumplir con una jornada de trabajo durísima sin recibir una sola remuneración, sino solo conformarse con que seguían vivos.

Síntesis

  1. Los humildes que como siervos le alaban

El salmo 113 comienza con una orden, un mandamiento o un imperativo: los siervos de Dios debe alabar a Dios. Es sumamente notorio que el llamado no es que sean esclavos, sino que alaben al Señor.

Queda claro que los hebreos debían conducirse como si fueran esclavos del Señor y en esa condición alabar al Creador. La liberación en Egipto se había convertido o debía convertirse en la causa o razón por la que los hebreos se transformaran voluntariamente en siervos, esclavos o criados del Señor.

La expresión “siervos” procede de la palabra hebrea “abde” que se traduce como sirviente o criado. Un criado o un sirviente en los tiempos en que se escribió este salmo era una persona ligada totalmente a su amo o señor. El sirviente o criado no tenía voluntad, su voluntad estaba sujeta a lo que su dueño decidiera.

Dios había liberado a su pueblo para que se convirtieran en sus siervos. Alguna mente o corazón pueda pensar para qué los liberó si al fina de cuenta los haría sus sirvientes. La respuesta forma parte primordial del estudio de esta noche. En primer lugar Faraón no era, ni sería jamás como Dios.

Del gobernante egipcio los hebreos solo recibieron maltrato, de Dios ellos solo recibieron bienes y beneficios. Dios les demandó que le sirvieran una vez que los había liberado, no antes porque no se puede tener dos amos. Mientras eran subyugados por los egipcios ellos no podían tener a Dios como Señor.

La ansiada libertad llegó con el poder del Creador y la pregunta que surgió, entonces, fue y sigue siendo: una vez liberado de ataduras qué sigue? ¿qué hacer con la libertad? ¿Para qué somos libres? La respuesta la resuelve justamente este salmo. Somos liberados para convertirnos en siervos del Señor.

Porque tarde o temprano quien no se somete a Dios, terminará sometido a algo o a alguien. Hay personas sometidas a cosas que los vuelven adictos, algunos viven bajo el dominio de sus pasiones y son presas de sí mismos sin que muchas veces se den cuenta de lo que ocurre en su existencia. Otros son están sujetos a personas de las que dependen totalmente.

La esclavitud es el estado o condición más indigna de una persona porque no vive sus sueños, sino vive los sueños de otros. Porque vive siempre anhelante sin cumplir su anhelos. Porque lo degrada ya que generalmente los amos son seres sin escrúpulos y muy ambiciosos que nos les importa nada más que ellos.

Solo es Dios es el único amo bueno porque nos auxilia en todo momento. Dios es un Señor bondadoso que le permite al hombre, cuando se sujeta a su voluntad, vivir en perfecta armonía con sus seres queridos, vivir en paz con sus semejantes y tener una existencia el calma y tranquilidad, ambas condiciones indispensables para el desarrollo y progreso.

Los humildes comprenden esta realidad y de manera voluntaria permiten a Dios gobernar sus vidas. Lo dejan que dirijan sus proyectos, le permiten habitar en sus hogares porque saben perfectamente que su señorío siempre es para bien. Nunca hará ni pedirá nada que degrade al hombre.

A estos hombres son a los que se les pide que alaben a Dios. Alabar a Dios es más que una expresión que sale de los labios, es una especie de ofrenda que brota de lo más profundo del corazón.

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