Lucha legítima

Dice la Biblia en 2ª Timoteo 2: 5 Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.

Los atletas son herencia cultural de Grecia. Fueron absorbidos por la gran Roma y esta combinación legó a la humanidad disciplinas deportivas que a pesar de cientos de años de que surgieron se mantienen hasta nuestros días en una competencia que nació justamente de esas dos culturas y que conocemos como Juego Olímpicos.

Países como China, Estados Unidos y Rusia forman atletas de alto rendimiento gracias a una política en la que se privilegia el descubrimiento a temprana edad de niños y niñas con inclinaciones a la actividad física. Sus triunfos en las olimpiadas son legendarios y muy famosos en diversas actividades.

En estos y otros países el estatus o la condición de atleta tiene un reconocimiento social muy grande porque se supone que esta clase de personas sobrellevan una vida de disciplina muy grande. Se someten a grandes esfuerzos y sobre todo practican una y otra vez para dominar su actividad deportiva.

Hacer trampa o engañar a los jueces que vigilan que todos cumplan con las reglas de cada juego o competencia trae una gran vergüenza a quienes en lugar de respetarlas tratan de ganar con mentiras. En los Juegos Olímpicos recientes han sido sancionados muchos por utilizar sustancias ilegales para elevar su rendimiento. De hecho para las siguientes olimpiadas los atletas de Rusia no irán por un problema de esa índole.

Cuando Pablo se refería o pedía que los cristianos lucharán legítimamente se refería exactamente a que no hicieran trampa en su vida cristiana. Si había que recorrer cinco kilómetros de “sufrimiento” no buscarán un atajo. Si había que sostener “pesas” con cargas muy pesadas no se redujeran, sino que la soportaran.

El cristiano debe luchar legítimamente, es decir, sujetarse a los lineamientos que Dios ha establecido en su palabra. Ganar o aparentar haber ganado con trampa es indecoroso, como indecoroso es cuando un atleta le quitan su medalla por descubrir que no cumplió con las reglas. Pablo quiere que los creyentes sean honestos a la hora de luchar.

El creyente tramposo será descalificado y su vergüenza será pública y notoria. Engañarse a sí mismo es una fatal decisión porque al final su galardón le será quitado y le será dado a otro, a quien si cumplió con cada una de las reglas que Dios estableció para seguirlo.

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