Una vida llena de júbilo

Dice la Biblia en Salmos 5: 11

Pero alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre porque tu los defiendes; en ti se regocijen los que aman tu nombre.

En este verso encontramos un llamado a la alegría, al júbilo y el regocijo de parte de los hijos de Dios. Es un llamado para salir de la tristeza, la angustia o la desesperación y descansar completamente en las manos y los brazos del Señor. El estado de ánimo que presenta este texto es de alegría, pero no cualquier clase de alegría, sino la desbordante.

En un mundo con tantas y tantas aflicciones cómo puede una personas alegrarse o cómo puede experimentar el gozo en niveles tan elevados para gritar de júbilo si hay circunstancias que rebasan en mucho su capacidad de resistencia. Pero la clave para lograrlo lo encontramos en el mismo verso.

Para vivir gozosos los creyentes han de hacer tres cosas: 1. Confiar en Dios. 2. Saber que el Señor siempre nos defiende y 3. Amar el nombre del Creador. Que parecen sencillos, pero que exigen por lo menos la determinación de mirar siempre por encima de los problemas y descansar en el cuidado y protección divinos.

La confianza en Dios no es otra cosa sino la certeza o seguridad que Dios tiene el control de todas las circunstancias por más difíciles que parezcan. Confiar en Dios es justamente saber y estar cierto de que Él actuará en medio de cualquier situación que nos quiera robar la tranquilidad.

Y cuando uno se encuentre rodeado de enemigos y adversarios que quieran destruir nuestra vida, estar seguros de que Él siempre nos defiende y que su defensa nos basta para enfrentar peligros, tribulaciones, persecuciones y toda clase de males que se levanten contra nuestras vidas.

Indiscutiblemente que confiar en Dios y saber que nos defiende tienen su sustento en amarlo con toda nuestra fuerza, mente, alma y corazón. El amor hacia su nombre nos permitirá entender que todo lo que sucede a nuestro alrededor tiene un propósito infinitamente superior a nuestro entendimiento.

Una vida jubilosa descansa esencialmente en estos tres pilares: confianza en Dios, certeza de su cuidado, aunque no parezca y amor hacia su bendito nombre.

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