Las preguntas de Jesús: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera crees?

La Biblia dice en Juan 1: 50

Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores que éstas verás.

Introducción

Jesús escogió a sus primeros seguidores siguiendo un patrón muy distinto al que utilizarían los maestros de su tiempo. Buscó hombres con profundas contradicciones en sus corazones. Hombres con hondas necesidades. Mateo era un publicano acostumbrado a tener dinero, Judas Iscariote al contrario tenía gran escasez por eso robaba al grupo.

En el caso de Natanael, su problema era los grandes prejuicios que había en su vida. Era muy prejuicioso con sus compatriotas. No era cualquier clase de prejuicio, que todos tenemos, el prejuicio de Natanel lo llevaba a la discriminación. Esa discriminación que desprecia y menosprecia y que hace menos a los demás.

Su historia es importante porque nos enseña que su encuentro con Cristo sirvió para transformar su forma de ver a las personas. El Señor curó su forma equivocada de ver a las personas. Jesús sanó su corazón y entonces lo integró a un grupo de seguidores donde habría de enseñarle otras muchas cosas más para convertirlo en su predicador.

Natanael es el mismo apóstol llamado Bartolomé. Juan es el único que lo menciona así con ese primer nombre. Los otros tres evangelios lo llaman simplemente Bartolomé. La razón por la que se dice que es el mismo es porque siempre aparece junto con Felipe en las listas de discípulos. Felipe fue quien lo llevó a Cristo.

Era originario de Caná de Galilea, según dice el propio Juan 21: 2. Caná era una villa cercana a Nazaret, lugar donde se asentó la familia de Jesús, luego de regresar de Egipto. También estaba cerca de Capernaum, centro o punto de partida del ministerio de Cristo. Galilea era un región ubicada al norte de Jerusalén.

Entre Galilea y Judea estaba precisamente la región de Samaria, zona que los judíos evitaban para no encontrarse con los samaritanos a quienes despreciaban por considerarlos impuros, a pesar de que esas personas tenían en su sangre genes judíos mezclados con paganos o gentiles.

La presencia de los samaritanos exacerbaba o elevaba a niveles muy elevados la intolerancia y discriminación entre los israelitas. Discriminación que cuando se salía de control, los llevaba a despreciar hasta a sus propios compatriotas y eso justamente fue lo que paso con Natanael a quien Cristo sanó de esta grave enfermedad del alma.

La necesidad de destruir nuestros prejuicios

  1. Porque nos hacen intolerantes
  2. Porque nos hacen despreciar al prójimo
  3. Porque solo así podemos servir al Señor

En el evangelio de Juan 1: 43-51 encontramos la forma en que Natanael llegó a Cristo. Fue Felipe quien lo llevó allí. Felipe era de Betsaida, la misma ciudad de Andrés y Pedro. Según leemos, Felipe le dijo que había encontrado al Mesías y sin saber la condición del corazón, le dijo que Jesús era oriundo de Nazaret, aunque en realidad era avecindado.

Dicha información sirvió para que el menosprecio aflorara en su corazón. Con toda la crudeza que caracteriza a quienes desprecian a los demás dijo a modo de pregunta: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Y bueno los nazaretitas, no eran exactamente los más presentables. Hay que recordar que despreciaron a Jesús.

A su poca atención a la predica de Jesús debemos la frase “Nadie es profeta en su tierra” o “No hay profeta sin honra en su tierra.” Tampoco debemos olvidar que los evangelios retratan a los habitantes de Nazaret como muy duros de corazón al grado de que Jesús no hizo muchos milagros allí por su incredulidad.

En efecto, así eran ellos, pero Natanael tenía enfermo su corazón porque en lugar de apiadarse de ellos los discriminaba y en esa discriminación pasó el propio Jesús que había vivido con sus padres desde su infancia. Jesús sabía su lucha interna y cuando lo vio en lugar de reprocharle eso, lo reconoció como un sincero judío.

Le sorprendió que Jesús lo definiera de esa manera por eso le preguntó: ¿De dónde me conoces? Con lo que quedó más sorprendido todavía porque le respondió con una frase que lo dejó atónito: Antes que Felipe te llamara cuando estabas debajo de la higuera te vi. Esa frase significaba te miré cuando leías y meditabas en la Escritura.

Lo primero que le dijo pudo ser un cumplido o una manera cortés de saludar a un recién conocido, pero la segunda nadie más la sabía. Jesús fue más allá porque no solo le dijo que había meditado, sino lo que había leído. Había leído el pasaje de Génesis 28: 12. Algo que solo Dios sabía.

De esa manera Natanael descubrió que no todos los habitantes de Nazaret podían caber en un descripción. Descubrió también que las generalizaciones son injustas y revelan una grave ignorancia, pero sobre todo, entendió que nadie puede juzgar a los demás porque finalmente es el único que conoce sus motivaciones es el Padre celestial.

Los prejuicios son definitivamente los más grandes constructores de muros en nuestra vida. Los prejuicios nos alejan de personas valiosas que pueden aportar a nuestra vida. Juzgar a los demás por su forma de vestir, piel o lugar de nacimiento es absurdo.

Síntesis

  1. Porque nos hacen intolerantes

La intolerancia hacia lo diferente o lo que nos igual que nosotros o que no es como nosotros imaginamos que debe ser produce personas incapaces de comprender que en el mundo no hay una sola clase de personas.

La intolerancia engendra siempre los más bajos sentimientos del ser humano, desarrolla gravemente la parte oscura de los individuos. Así lo constata la historia. El Holocausto, la segregación racial de Estados Unidos y cientos de ejemplos de cómo se puede llegar a niveles graves de falta de empatía.

2. Porque nos hacen despreciar al prójimo

Los prejuicios nos hacen despreciar a nuestro prójimo porque nos pensamos superiores a los demás. Creemos que ellos son inferiores a nosotros solo porque viven en algún lugar que a nuestro juicio es inhabitable.

Para Natanael, los habitantes de Nazaret no tenía nada bueno que aportar a los judíos. Eran personas sin la menor posibilidad de tener algo de valor y en consecuencia no valía la pena siquiera tratarlos. Menospreciar a los demás es absolutamente una actitud de arrogancia y petulancia insostenibles delante del Señor.

3. Porque solo así podemos servir al Señor

Natanael habría de convivir con otras doce personas, inicialmente porque luego serían miles, y necesitaba sanar de sus prejuicios porque una persona con ese problema se termina quedando sola.

Servir a Cristo haciendo acepción de personas es muy complicado porque se elige y se escoge en función de un criterio personal que puede estar muy equivocado y puede dañar tanto a quien o hace o como a la persona que se menosprecia y eso es muy desagradable para el Señor.

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