Aborrecidos por el mundo

La Biblia dice en Juan 15: 18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.

El mundo aborreció a Cristo; esa es una verdad incuestionable. La mejor prueba de que el mundo no amó a Jesús es la manera violenta en que fue privado de la vida, sin contar la forma en que lo recibió cuando nació y las innumerables ocasiones en que lo denostaron y persiguieron.

Cristo les dijo que las posibilidades de que el mundo los aborrecieran eran infinitamente elevadas. Se los dijo para que no los tomará de sorpresa y tuvieran cuidado a la hora de enfrentar la hostilidad de un mundo que desprecia la santidad de Dios y se burla de la vida piadosa.

Que el mundo aborrezca a los seguidores de Cristo será una prueba irrefutable de que están siguiendo al Maestro, pero si el mundo en lugar de perseguir a la iglesia la acepta y convive con ella debe revisarse seriamente su función. No porque se busque la confrontación, sino porque es posible que la iglesia se haya asimilado a la mundanalidad.

Debemos recordar siempre que Cristo fue llevado a la cruz esencialmente por señalar la verdad, por establecer de manera categórica que los hipócritas serían condenados por intentar engañar a Dios con una vida que ni era piadosa, ni era santa, pero si llena de simulación y mentira.

Cristo  le recordó al mundo que estaba muy lejos de los estándares que Dios establece para llamarse hijo de Dios o que estaba en gran ruina espiritual por pensar que el reino de los cielos consistía en comida o bebida o que se podía comprar con dinero o que se podía alcanzar por méritos propios o por buenas obras.

Cuando la iglesia toma o retoma ese discurso de inmediato el mundo la ataca porque a los pecadores les molesta mucho que se señale sus equivocaciones o sus pecados. No debemos ser ingenuos. En cuanto a una persona se le señala su conducta pecaminosa o se arrepiente o nos aborrece. Cristo dice que no debemos alarmarnos cuando sucede lo segundo.

Cuando somos aborrecidos por causa de Cristo, lo único que estamos haciendo es acompañar a nuestro Señor por la vía dolorosa, ese camino que es arduo, pero que nos hace como él.

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