Mientras Cristo viene, la iglesia necesita testificar

La Biblia dice en Hechos 1: 8 Pero recibiréis poder, cuando haya venido el Espíritu Santo sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.

Antes de que partiera Jesús de la tierra, luego de cuarenta días de su resurrección, los discípulos estaban sumamente interesados en lo que habría de ocurrir a su ascensión al cielo. Por supuesto que le preguntaron y como respuesta recibieron estas palabras que hoy meditamos.

Les dijo que regresaría muchas veces. Le anticipó que volvería y ellos lo creyeron, pero mientras el regresaba le dio a ellos y a nosotros, que también esperamos su retorno, una encomienda o responsabilidad que debemos cumplir a cabalidad y es la de envestirnos del poder de Dios para ser testigos.

En griego la palabra testigo procede de la palabra “martyres”, de donde procede nuestro término “mártires” o “mártir”. En la cultura judía un testigo representaba una persona fundamental a la hora de resolver un proceso judicial de cualquier índole. Su testimonio despejaba cualquier duda en asuntos legales y resolvía un juicio.

Los discípulos estaban llamados a ser testigo o mártires en Jerusalén, en las regiones de Judea y Samaria y finalmente hasta lo último de la tierra. Estaban llamados a proclamar la verdad de la salvación en Jesucristo. Ellos tenían la responsabilidad de anunciar entre los pueblos la gracia salvadora de Jesús.

Para ello serían revestidos del poder de Dios. Solo de esa forma podría cumplir con este mandato de propagar en todo el mundo la salvación de Cristo. La palabra poder que utiliza este pasaje es sumamente interesante. Procede de la raíz “dunamis” de donde nace la expresión dinamita. El poder de Dios es justamente algo explosivo que deshace la oscuridad.

Mientras Cristo vuelve su iglesia debe ocuparse en alcanzar a los perdidos. En primer lugar los que están cercanos, luego los más retirados y finalmente los que están lejos siguiendo la ruta que Jesús trazó en este pasaje que hoy reflexionamos. Estamos llamados a ser sus testigos o sus mártires con tal de anunciar que en él hay salvación.

El retorno glorioso de Cristo debe sorprender a la iglesia cumpliendo con esta misión que forma parte esencial de su ser y quehacer. Salvar a los perdidos, buscar a los extraviados y llamar al arrepentimiento a quienes anda como ovejas sin pastor en este mundo es la vocación de la iglesia.

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