Una voz en el desierto

La Biblia dice en Marcos 1: 3 Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas.

Unos setecientos años antes de que Juan El Bautista comenzará a predicar el bautismo de arrepentimiento, el profeta Isaías anunció que un varón se levantaría y desde el desierto se eregiría para anunciar el advenimiento del Mesías y esa profecía la cumplió cabalmente Juan.

Fue una voz que se levantó desde el desierto. Investido del poder del Espíritu Santo desde el vientre de su madre Elisabet, muy pronto se retiró de Jerusalén para habitar en el inclemente e inhóspito hábitat desértico de Judá donde inició su predicación a la que llegaron interesados y curiosos.

Juan fue una voz en el desierto. Dios escogió que su predicación naciera en un lugar sin gente, un espacio sin atractivo y más temprano que tarde su enseñanza comenzó a diseminarse por todo Jerusalén. Allí llegaban multitudes a escucharlo. Llegaron publicanos, soldados y mucha gente que inicialmente pensaba que era el Cristo.

Juan lo negó categóricamente y les indicó que vendría tras él uno del cual él mismo sería indigno de siquiera desatarle la correa de su calzado. El sabía perfectamente que era una voz en el desierto que preparaba la llegada del Mesías. Era una especie de heraldo que anunciaba el arribo del rey.

Juan no reclamó para sí ninguna canonjía o derecho. Estaba convencido de que su labor era esa ser un predicador en un lugar que a muchos no le agradaría o les resultaría poco atractivo. Lo que para muchos sería un verdadero suplicio para El Bautista era el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Una voz en el desierto es una voz en la soledad. Una voz apartada del mundo y sus placeres. Una voz decidida a anunciar el arribo de Cristo. Muchos la oyeron y otros más la desoyeron, pero independientemente de si le hicieron o no caso, lo cierto es que el esfuerzo de Juan se coronó cuando Jesús llegó a bautizarse con él.

La iglesia es hoy una voz en el desierto como la de Juan que anuncia el arribo del Señor por segunda ocasión. En un mundo donde el secularismo gana terreno, el mensaje de la iglesia parece una locura, pero sigue tan vigente y oportuno para todos aquellos que tienen necesidad de Señor. Nuestra labor sigue siendo la misma: anunciar el arribo del Rey.

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