Los beneficios de oír a nuestros padres

La Biblia dice en Proverbios 4: 10 Oye, hijo mío, y recibe mis razones, y se te multiplicarán años de vida.

Aprender a escuchar a nuestros padres tiene la enorme bendición de aumentar nuestros días y en sentido contrario cerrar nuestros oídos a sus palabras reduce drásticamente nuestro tiempo sobre la tierra. Ese es el sentido del proverbio escrito por el rey Salomón y que hoy meditamos.

Los judíos enseñan que en dos tablas de la ley fueron escritos cinco mandamientos en cada una de ellas. Los primeros cinco tienen que ver con nuestra relación con Dios y los otros cinco con nuestro prójimo. Para el cristianismo resulta un poco complejo entender que el quinto mandamiento de la ley divina que señala honrar a los padres se relacione con Dios.

Pero los hebreos tienen una explicación muy sencilla. Ese mandamiento tiene que ver con Dios porque la voluntad del Señor tiene una primera manifestación en la relación padre-hijo. Todos los padres aman a sus vástagos. Esa es una ley, por supuesto con sus excepciones. Un padre buscará el bien de sus hijos y un hijo obediente es un hijo de bien.

Escuchar a nuestros padres en cierto sentido es escuchar a Dios porque nuestros progenitores buscan nuestro bien. Nos alertan sobre los engaños de esta vida. Nos previenen de equivocaciones que pueden costarnos toda una existencia de sufrimiento y dolor. Oírlos, entonces, nos ahorrará mucho sinsabores.

El proverbista nos pide que hagamos dos cosas con lo que nos dicen nuestros padres: la primera que los oigamos. Aprender a escucharlos, independientemente de lo que nos digan este bien o este mal, es el primer gran paso para honrarlos. Atender a sus palabras es el principio de una buen relación con ellos.

Me gusta la expresión “recibe mis razones” de nuestros padres debemos recibir sus razones. Con ello nos deja exento de escuchar aquellos padres caprichosos, que los hay. Aquellos que en ocasiones vierten sus miedos y frustraciones en sus hijos. Por eso nos pide que recibamos sus razones, sus argumentos.

Al hacerlo, además de prolongar nuestra vida en esta tierra, estamos sentando las bases para que lo que ocurrirá cuando seamos padres y dejemos el rol de hijos: nuestros descendientes también nos escucharán y atenderán nuestras razones cuando hablemos con ellos. Nos oirán y eso ya es una victoria en esta vida.

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