Introducción al salmo 115

La Biblia dice en Salmos 115

No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad.  2 ¿Por qué han de decir las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios?  3 Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho.  4 Los ídolos de ellos son plata y oro,
Obra de manos de hombres.  5 Tienen boca, mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven; 6 Orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen;  7 Manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. 8 Semejantes a ellos son los que los hacen, cualquiera que confía en ellos. 9 Oh Israel, confía en Jehová; El es tu ayuda y tu escudo.  10 Casa de Aarón, confiad en Jehová; El es vuestra ayuda y vuestro escudo. 11 Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; El es vuestra ayuda y vuestro escudo.  12 Jehová se acordó de nosotros; nos bendecirá; Bendecirá a la casa de Israel; Bendecirá a la casa de Aarón.  13 Bendecirá a los que temen a Jehová, A pequeños y a grandes. 14 Aumentará Jehová bendición sobre vosotros; Sobre vosotros y sobre vuestros hijos. 15 Benditos vosotros de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.  16 Los cielos son los cielos de Jehová; Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.  17 No alabarán los muertos a JAH, ni cuantos descienden al silencio;  18 Pero nosotros bendeciremos a JAH Desde ahora y para siempre. Aleluya.

Introducción

El salmo 115 fue compuesto para recordar por siempre que el Dios de los hebreos sobrepasa absolutamente en todo a los dioses de las otras naciones de la tierra. Mientras él es un Dios glorioso, los pueblos tienen ídolos que son semejantes o iguales a quienes los fabrican: limitados, mortales y sin poder alguno.

La estructura del salmo hila temas como la gloria de Dios, los ídolos o la idolatría, la bendición de Dios, la confianza y la seguridad y la alabanza y adoración en esta vida a manera de remembranza y recordatorio de lo que sucedió en Egipto y como mecanismo de no olvidar jamás las bendiciones del Señor.

Este es un salmo que se utilizaba también durante la fiesta de pascua. Eso nos lleva a tener un contexto que nos permita comprender cuál fue la intención del autor, que por cierto es desconocido, a la hora de escribir esta pieza que nos acerca de manera muy pertinente a la diferenciación entre lo que representa Dios y lo que representa la idolatría.

El salmo por momentos se torna una salmo sapiencial más que un salmo para orar, sin embargo se mantiene como una plegaria cuando se mencionan tres clases de personas: Israel, casa de Aarón y los que temen a Dios y la determinación de bendecir a Dios por parte del autor convencido de que en la muerte solo hay silencio.

En el salmo podemos encontrar una estructura en cinco partes muy bien marcadas, bajo el hilo conductor de un contraste entre lo que representa Dios para su pueblo y lo que representan los ídolos para las naciones que en lugar de servir al Señor verdadero sucumben ante la idolatría.

Dios es un Dios glorioso, incomparable y soberano. Su nombre es digno de toda honra y alabanza. Ninguno de los dioses de las naciones se puede comparar con él, pero cuando parece que las otras naciones son más prósperas que su pueblo, entonces surge la duda que duda que debe ser desechada de inmediato.

El salmista nos hace reflexionar seriamente sobre la exclusividad que el Señor tiene o que el Señor es y en consecuencia demanda una gloria que nadie más merecer o que nadie más puede ser digna de ella. Dios es el único digno merecedor de toda gloria y no los hombres, ni los ídolos que pululan entre las naciones.

Esta es la idea principal sobre la que el salmo se construye: Dios es el único merecedor de toda gloria. En todo tiempo, en todo momento, ante todos y sobre todos. Nadie es como él y por eso nadie es digno de la gloria que el solo merece. Darle el gloria entonces es un imperativo que surge por varias razones.

La primera es porque ningún hombre por más poderoso o por más sabio que sea puede ocupar el lugar de Dios y en consecuencia puede recibir la gloria que él merece. Los hombres han requerido usurpar el lugar que Dios tiene y al hacerlo lo único que han logrado es el oprobio y la vergüenza.

Otra razón por la que el único digno de toda adoración y exaltación es Dios es porque ni los ídolos de otros pueblos u otras naciones pueden asemejarse en algo al Creador del universo. Los ídolos o la idolatría supone una de las más descaradas y pervertidas desviaciones de la gloria de Dios.

Ningún ser creado puede superar al Creador porque nadie nos puede cuidar y proteger como Dios lo hace. Los seres humanos pueden ayudar en algo a cuidarnos, pero frente a ciertas circunstancias nada puede proveernos de seguridad y certeza como Dios. Los ídolos no pueden hacer nada.

Pero Dios no solo nos puede proteger y cuidar, sino nos puede bendecir. La bendición de Dios sobre su pueblo es una característica que este salmo nos recuerda. Dios cuida y protege como un escudo, pero también nos bendice con grandes y muy diversos beneficios como sanidad, ánimo en la adversidad, cuidado máximo en el peligro, prosperidad y vida.

Todas estas razones nos deben mover y conmover para alabarlo conscientes de que una vez de nuestro paso por la tierra nuestra voz en este mundo dejará de oírse y solo seremos memoria y recuerdo, no más.

Dios es el único merecedor de toda gloria

I. Porque los hombres no son dignos de gloria alguna
II. Porque los ídolos son tan vanos como sus fabricantes
III. Porque es el único que nos puede proteger
IV. Porque es el único que nos puede bendecir
V. Por eso debemos alabar para siempre

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