El amor

La Biblia dice en 1ª Corintios 13: 7 El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Los seres humanos buscamos ansiosos nuestra propia historia de amor. Para ello recurrimos a toda clase de ejemplos que nos inspiren para amar. La literatura nos ha conmovido con historias y novelas donde el gran protagonista es el amor. Escritores y poetas nos presentan personajes que se entregaron al amor humano.

Desde el amor prohibido entre Paris y Helena de Troya y el amor pletórico de poesía de Salomón y la Sunamita, hasta el idílico amor entre el Quijote y la alucinante Dulcinea, pasando por supuesto por el amor imposible de Julieta y Romeo y del amor inalcanzable entre Fermina Daza y Florentino Ariza en el amor en tiempos del cólera de García Márquez.

Los escritores de todos los tiempos y todas las edades nos han ilustrado sobre el tema, pero las preguntas siguen rondando en la mente y el corazón de millones de seres que viven ansiosos de encontrarse o toparse con él: ¿Qué es el amor? ¿qué es amar? ¿dónde podemos encontrar una fuente inagotable de amor?

Conjuntar de manera perfecta amar y ser amado es la gran aspiración de todos. Cuántas historias no conocemos de quienes fueron amados con tanta intensidad, pero que fueron incapaces de corresponder o de aquellos que amaron con locura, pero no fueron correspondidos con la misma medida.

Millones de historias de desamor pululan en el mundo. Las canciones han recogido esas tristes experiencias y hoy en día muchos le cantan al amor truncado, al amor fracasado, al amor que se fue y nunca más volvió como una forma de desahogar ese sentimiento que parece llevarse nuestra vida cuando lo experimentamos.

La realidad es que a pesar de tantas y tantas historias de este tipo, hombres y mujeres siguen ensayando y buscando el amor. No importa que otros sufran por el amor, no interesa que otros hayan fracasado entregando el corazón y se hayan precipitado al infame barranco de la indiferencia. Otros han escarmentado tanto que nunca más se han arriesgado, pero son pocos.

La razón de que los hombres y las mujeres sigan en la búsqueda perpetua del amor reside en que fueron creados con esa necesidad. En el principio dice la Escritura hombre y mujer los hizo Dios. Adán y Eva, la primera pareja del mundo, fueron diseñados con la necesidad de amar y ser amados y partir de allí la humanidad vive con esa ansiedad.

Ansiedad que solo colma Dios. En Dios se encuentra la fuente del amor verdadero. El amor que es paciente, servicial, que no es envidioso, que no busca aparentar, no es orgulloso, ni actúa con bajeza, no busca su interés, no se irrita, sino que deja atrás las ofensas y las perdona.

Para aprender amar podemos mirar a Dios que a través de Jesús nos enseña siempre lo que representa o significa amar. Analfabetas, que somos en el tema, podemos ser enseñados para amar con intensidad y para corresponder a quien nos ama y lograr así nuestras propia historia de amor que trascienda en nuestros hijos y descendientes.

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