La Biblia es un libro que vino del cielo

La Biblia dice en Esdras 7: 6

Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado.

Esdras fue descendiente directo de Aarón, el primer sumo sacerdote de la casa de Israel. Pertenecer a ese árbol genealógico le daba derecho de convertirse en sacerdote y aspirar a ser cabeza de la familia sacerdotal, consagrada a ofrecer los sacrificios del templo de Jerusalén en todas las fiestas prescritas por el Eterno.

Los sacerdotes tenía como función principal todo lo relacionado a la liturgia de sacrificios en la casa del Señor. Tenían la obligación de conocer la Escritura en todo lo concerniente a la ley. Esdras agregó a esta obligación, la capacidad de ser un escriba, es decir, alguien dedicado a transcribir los manuscritos sagrados de la revelación divina.

Era un sacerdote culto. Conocedor y practicante de una de las tareas de mayor responsabilidad en el pueblo hebreo: transmitir de manera fiel lo que Dios le había revelado a Moisés en el monte Sinaí. Un escriba era un copista. Un copista debía de trabajar arduamente y disciplinadamente en transcribir una y otra vez la ley del Creador.

Esdras combinó de manera formidable dos funciones que no ocurrían muchas veces. Era a la vez sacerdote y un escriba connotado. Un escriba diligente. Es decir, hacía su labor con mucho profesionalismo, como diríamos hoy. Se esforzaba, era dedicado y responsable en el trato que le daba a la palabra de Dios.

La Biblia siempre va a requerir empeño. Esfuerzo porque es un libro que vino del cielo. Es un libro que merece todas nuestras consideración porque su origen es divino. Es Dios mismo quien habla a través de la revelación escrita y el trato que le demos en realidad es el trato que le damos a su autor, a Dios, pues.

Esdras amaba al Señor y consecuentemente amaba a su palabra. Se dedicaba a ella con ahínco, con todas las fuerzas de su corazón. Así justamente Dios pide que lo hagamos nosotros. Ya no seremos copistas, pero si lectores voraces de su palabra. Siempre con mucho intereses y con más expectativa porque Dios nos habla a través de ella.

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