Dios es el único merecedor de toda gloria, no los hombres

Salmo 115: 1-2

No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu verdad. ¿Por qué han de decir las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios?

Introducción

Dios es el único merecedor de gloria por muchas y múltiples razones. El autor de este salmo nos ofrece dos en su plegaria. Por su misericordia y por su verdad. Ningún Dios es capaz de amar como Dios ama. Su compasión es infinita si a Él nos acercamos con la actitud correcta.

Desde el principio de su revelación en Génesis hasta el tiempo en que fue compuesto este salmo Dios dio muestras de su gran amor y piedad por Adán, por Noé y por Abraham y por toda la descendencia de Israel. La historia de los hebreos es una historia de amor. Un Dios que los ama y que les busca y ellos que se resisten. Un Dios que los perdona por amor.

Nadie es capaz de ofrecer tanto amor cómo Él. Cómo competir con el Creador en el tema del amor. Él es un campeón porque nos gana en amor. Jamás le podremos ganar en esa área y de allí justamente es que viene su gloria. Su gloria reside en que nadie puede amar como Él.

El salmista nos acerca a la gloria de Dios con otro de su atributos divinos: Dios es verdad. No hay mentira en el Señor. Se conduce con veracidad y rechaza toda mentira. Mientras los seres humanos vivimos entre el engaño y la falsedad, Dios se mueve siempre en bondad y misericordia.

Cómo competir con Él, cómo rivalizar con un ser que dice verdad, se mueve con verdad y emana verdad. Imposible. Vivimos en un mundo de mentira y somos arrastrados por ella, pero él jamás podrá engañar ni ser engañado.

Dios es el único merecedor de toda gloria

I. Porque los hombres no son dignos de gloria alguna

A. Deben rechazarla categóricamente

B. Porque les acarrea vergüenza

Síntesis

I. Porque los hombres no son dignos de gloria alguna

Los seres humanos no podemos y no debemos sustraer absolutamente ni un poco de esa gloria que pertenece a Dios por varias razones: somos indignos de ella porque somos efímeros, transitorios, breves y porque Dios no la comparte con absolutamente nadie.

La gloria de Dios es un tema recurrente en la Escritura. El término hebreo procede de la expresión “kabod”. La palabra significa sencillamente “pesado”, “de peso”, “algo que no se puede sostener o que no se puede cargar” porque sencillamente no hay quien lo sostenga o detenga.

Aplicado a Dios significa alguien cuya presencia es tan “pesada” o “tan fuerte” que simplemente sobre pasa. La gloria de Dios es la manifestación visible o invisible de la grandeza y poder de Dios. Visible porque el salmo 19 dice que “los cielos cuentan la gloria de Dios”. E invisible porque en Éxodo 33: 18 Moisés quiere ver su gloria y Dios le dice no.

La gloria de Dios es su majestuosidad, su inmenso poder, su honor, su poder y todos los atributos únicos que hacen del Señor ser lo que es, el único que tiene inmortalidad, que habita en la luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno.

Aunque al hombre como a toda la creación se le impartió parte de la gloria de Dios como señala el salmo 8: 5 cuando dice “Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra”, jamás podrá alcanzar el nivel que Dios tiene y por eso la súplica del salmista.

A. Deben rechazarla categóricamente

El salmo comienza con un vehemente rechazo a robarle la gloria a Dios. La reiteración de la frase o repetición de las palabras “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros” revela la comprensión de esta verdad por parte del autor del salmo.

La gloria de Dios es un tema o asunto o doctrina que tenemos que tener muy en claro para entender porque debemos deshacernos de cualquier intento de apropiarnos de ella porque Dios no la comparte con nadie.

Isaías 42: 8 dice:

Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.

Isaías 48: 11 dice

Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro.

B. Porque les acarrea vergüenza

El salmista le pide a Dios que le de a su nombre gloria porque robársela o arrebatársela puede ser el peor error que el ser humano puede cometer porque una actitud de este tamaño trae consigno la ira de Dios. Su castigo es severo a quienes en lugar de rendirle honra y honor a él se la apropian.

Dios se aleja  de quienes toman para sí mismos el honor que solo le pertenece a Él y de inmediato la ausencia de Dios trae consigo una serie de calamidades y desgracias que van desde la victoria de nuestros enemigos hasta el oprobio y vergüenza de los hijos de Dios que son aplastados por los adversarios del Señor.

La pregunta que se hacen los incrédulos ante esa clase de calamidad es ¿dónde esta su Dios? Como un interrogante natural ante la lamentable condición que resulta de robarle a Dios lo que le pertenece. Quitarle la gloria a Dios es levantarse en orgullo y altivez ante el Creador.

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