Los novios y los padres

La Biblia dice en Jueces 12: 9 El cual tuvo treinta hijos y treinta hijas, las cuales casó fuera, y tomó de fuera treinta hijas para sus hijos; y juzgó a Israel siete años.

El libro de los Jueces es un volumen de la Escritura que se debe leer con mucha atención porque sus relatos, que no son ficción, ni alegoría, ni hipérbole, son reales y pueden confundir a quien deja considerar que ese tiempo en particular fue de gran confusión, desorden y anarquía en el pueblo de Israel.

Ese libro de la Biblia relata a los líderes que gobernaron a Israel, luego de la muerte de Josué y hasta el ungimiento de Saúl como rey. Su vida y obra es presentada de manera abierta y sin esconder nada. Esa es la virtud de la palabra de Dios que presenta a hombres y mujeres con yerros y aciertos, sin cubrir o encubrir nada.

Ibzán es un jueces que sucedió a Jefté en la conducción del pueblo de Israel. De acuerdo al libro tuvo 30 hijos y 30 hijas. En total fueron 60 hijos. Diez menos que Gedeón. Es muy probable que los haya tenido con diferentes mujeres con quienes tuvo relaciones como se acostumbraba en ese tiempo.

Lo que subraya la Escritura es el hecho de que a todos ellos los casó. Dice la Biblia que a sus hijas las dio en matrimonio a gente que no pertenecía a su clan y  para sus hijos trajo esposas a treinta muchachas que tampoco eran de su tribu. Es evidente que fue él quien decidió con quien habrían de matrimoniarse sus vástagos.

En aquellos días era común que los padres decidieran con quien se casarían sus hijos. En el caso de las mujeres era todavía más marcado. Los varones a veces tomaban esposa a quien querían, pero este hombre casó a sus hijos y a sus hijas con quien él quiso. Ibzán fue un padre que se inmiscuyó en una decisión muy importante.

Hoy en día las cosas han cambiado en muchos lugares. Son los hijos y las  hijas las que deciden con quien se casarán. El papel de los padres ha quedado relegado, sin embargo nunca dejará de ser muy importante escuchar a los padres a la hora de decidir casarse. Ellos siempre tendrán una opinión.

Ignorarlos absolutamente nunca será bueno. Considerar su opinión será muy útil para evitar decepciones y sufrimientos. Padres que aman a sus hijos serán excelentes consejeros. Se les tiene que escuchar. El matrimonio debe comenzar siempre con la bendición de los padres para que sea sólido y formal.

Saber que los padres han aprobado la relación matrimonial servirá para fundar un matrimonio sano, pero desoírlos cuando señalan evidentes contradicciones en una de las partes hará que la relación de pareja surja en medio de expectativas nada halagüeñas y eso puede detonar conflictos futuros.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: