Soñamos con nuestra patria celestial

La Biblia dice en Salmos 126: 1 Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan.

Cautivos en Babilonia, los hebreos anhelaban su patria. Reducidos a esclavitud en tierras extranjeras, los hebreos deseaban con todo su corazón retornar a la tierra de sus padres de donde habían sido expulsados a causa del pecado y la maldad con la que habían conducido sus vidas.

Habían escarmentado duramente lo que significa vivir fuera de su hogar. Habían descubierto lo que significa habitar en una tierra extranjera donde las costumbres y cultura eran tan diferente a la de ellos, que no les quedó más remedio que suspirar por el terruño que los había visto nacer.

El regreso a Jerusalén se convirtió en su sueño. Pero no esa clase de sueño en el que las personas solo piensan un momento en un deseo y luego se olvidan de él. No la clase de sueño del que nos habla este texto es aquel por el que se trabaja, por el que se esfuerza y se dilapida cualquier clase de recurso con tal de llegar él.

Soñar con la patria chica para los judíos fue el primer paso y es casi siempre la primera gran decisión para alcanzar metas y objetivos. Para alcanzar lo que se anhela y desea porque a partir de allí se trabaja con dedicación y ahínco, con entusiasmo, con fuerza y con vigor para llegar a la meta.

Los hebreos soñaron en retornar al suelo que los había visto crecer porque estaban cansados de habitar en un tierra que no solo les era extraña, pero principalmente porque era no era suya. A cada momento descubrían que ese no era el lugar de residencia permanente.

Así nosotros, soñamos con nuestra patria celestial. Aquí somos extraños y extranjeros. Este mundo no es nuestro. Cada día nos muestra que jamás podrá ser nuestro hogar para siempre.

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