Un gobernante bueno

La Biblia dice en Proverbios 25: 5 Aparta al impío de la presencia del rey, y su trono de afirmará en justicia.

Los proverbios de este capítulo fueron escritos por Salomón y recopilados por los servidores del rey Ezequías. El tiempo que transcurrió entre los días de Salomón y los días de Ezequías fueron alrededor de 200 años. Durante todo ese tiempo estos dichos o refranes fueron comunes entre la clase gobernante de Israel.

Salomón fue uno de los gobernantes más sabios, no solo de Israel, sino de todos los tiempos. Su sabiduría fue legendaria que traspasó las fronteras de su nación y llegó a muchos pueblos que se estremecían por el conocimiento que Dios había dado al hijo de David y Bestasabe.

Y esta parte del libro de los Proverbios tiene exactamente relación con el gobierno o la administración pública. Si se quiere tiene que ver con la gobernanza, una actividad humana en la que los hombres y mujeres se ven sometidos a presiones y dificultades al dirigir un Estado o conducir el destino de millones de personas.

La primer premisa para que una nación sea gobernada con eficacia es que la persona que llegué a ese puesto debe ser buena. Un gobernante bueno buscará el bien de sus gobernados. Tratará a toda costa de trabajar por mejorar las condiciones de pobreza y marginación y deberá propugnar por un reparto equitativo de la riqueza.

No tenemos que imaginarnos si a un gobierno o a una nación llega un hombre malvado. En América Latina tenemos mucha experiencia sobre la materia. Hombres que nos les importó endeudar a sus pueblos, empobrecer a los más pobres y enriquecerse a manos llenas es la tónica que encontramos en nuestra historia pasada y presente. Una verdadera ruindad.

Pero no basta que el gobernante sea bueno, según el proverbio que hoy meditamos, el gobernante ha de rodearse también de personas de bien. Un impío que este al lado de un presidente o autoridad es un serio peligro para la nación. El gobernante que se rodea de hombres perversos o malvados o en realidad es como ellos o terminará siéndolo.

Al escribir este texto muchos tal vez dirán, eso es política y yo les contestó: No, no es política. Son verdades contenidas en la Biblia. Allí están para que gobernantes y gobernados sepamos como se debe gobernar una nación. Los primeros para atenerse al juicio que vendrá sobre ellos y a los segundos para no ser ingenuos a la hora de tratar con su gobierno.

Jamás debemos olvidar que independientemente de la manera en que hayan llegado al poder, Dios es quien tiene al final de cuentas la última palabra: Dios es el que quita y pone reyes. Aunque alguien que llegue haciendo trampa revela mucho. Cuando los gobernantes entiendan que están puestos allí para hacer justicia, las naciones serán prosperadas.

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