Fuera del alcance de nuestros enemigos

La Biblia dice en Salmos 31: 8 No me entregaste en mano del enemigo; pusiste mis pies en lugar espacioso.

La vida de David corrió siempre peligro. Como pastor, como soldado, como ungido del Señor y como rey de Israel, David supo que sus adversarios tenían como intención desaparecerlo de la tierra por las más diversas razones. A veces por odio, en otras ocasiones por envidia y otras tantas por simplemente considerarlo un enemigo.

Su primer gran odiador fue Goliat. El gigante filisteo lo maldijo y prometió que esa misma tarde que pelearon lo entregaría a las aves del cielo. Dios no  lo entregó en sus manos. David lo derrotó sin espada y escudo, sino con una simple honda y algunas piedras de río en una memorable victoria del Señor.

Luego David sufrió en carne propia la despiadada persecución del rey Saúl. La envidia carcomió el corazón del monarca y demencialmente se dedicó a buscar la muerte de David, con todo y ser su yerno, Saúl trató por todos los medios de desaparecer a David. Dios no lo entregó en sus manos. Saúl murió y David reinó en su lugar.

Durante esos años de persecución David fue a parar a tierra de los filisteos en la época en que reinaba Abimelec. Según los rabinos judíos tuvo que fingirse loco porque toda la familia de Goliat a quien había derrotado estaba en la corte y buscarían vengarse del paladín filisteo derrotado. Dios no lo entregó en sus manos. Fue echado por el rey al ver su condición.

Ya como rey su propio hijo, Absalón lo persiguió para darle muerte y quedarse con el reino. David tuvo que huir de Jerusalén. Junto con un grupo de personas, salvó la vida gracias a un consejero suyo que leal a él se quedó con Absalón y lo desalentó para no perseguirlo cuando sabía que lo podían alcanzar y matarlo. Dios no lo entregó en manos de sus enemigos.

Cuando David escribe este salmo esta consciente de todo lo que Dios ha hecho con él. Dios siempre supo librarlo. De las maneras menos esperadas. Su intervención fue siempre a tiempo y en lugar de enviarlo a la tumba, puso sus pies en lugar espacioso, es decir lo ayudó a sostenerse.

Dios siempre nos sostiene, frente a esos adversarios que parecen imbatibles, frente a esos enemigos que parecen invencibles, el Señor nunca nos entregará en sus manos, sino que siempre nos llevará a mejores lugares para alabarlo y bendecirlo.

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