Las preguntas de Jesús: ¿Qué quieres que te haga?

La Biblia dice en Marcos 10: 51

Respondiendo Jesús le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.

Introducción

Bartimeo era un hombre ciego que mendigaba a las orillas de un villa llamada Jericó. Cuando supo que Jesús pasaba cerca de donde pedía limosna para su manutención gritó desesperado para que lo escuchara. Los que estaban junto a él lo callaban, pero él gritaba más fuerte.

La fama de Jesús crecía en todos los rincones de Israel y muy probablemente el hijo de Timeo, eso significa Bartimeo, había escuchado de los milagros que Jesús había hecho por todas las ciudades que visitaba. Y muy seguramente por eso gritaba desesperado para llamar su atención.

A diferencia de otros muchos enfermos que buscaron a Jesús, el hijo de Timeo se dirigió a él con la descripción correcta: hijo de David. En esas palabras, el ciego reconocía la naturaleza de Jesús. Era una confesión de fe, más que un título. Era un reconocimiento de que el Señor era el Mesías.

El mérito de Bartimeo residía justamente en que con solo oír lo que Jesús hacía y sin ver ninguno de sus milagros, el creyó en él mucho antes de que pasara por ese camino a donde lo llevaban a pedir limosna para mantenerse y eso le valió ser sanado de una enfermedad que lo inutilizaba.

A este hombre, Jesús le hizo una pregunta más que evidente o más que obvia: le interrogó sobre qué quería que él hiciera. Todos los presentes: discípulos y seguidores de Cristo sabían que Bartimeo quería volver a ver. Pero Jesús le preguntó exactamente algo tan lógico o tan evidente.

¿Por qué preguntarle a un ciego que quería? ¿No era obvio? ¿Qué buscaba Jesús al interrogar a Bartimeo? ¿Por qué no pasar directamente a su sanidad? ¿De qué quería cerciorarse Jesús con esta pregunta? ¿A dónde quería llevar la mente y el corazón del enfermo con esta interrogante?

Las respuestas a estas interrogantes las encontramos en el contexto de nuestro texto que hoy estudiamos. Antes de dialogar con él y después de su sanidad, Bartimeo fue exactamente el mismo hombre antes y después de su curación. Cuando volvió a ver, Bartimeo comenzó a seguir a Jesús.

Serie: Las preguntas de Jesús

Una introspección a nuestras motivaciones

I. Para saber por qué queremos la atención de Jesús
II. Para saber qué haremos cuando Jesús nos conteste
III. Para saber las intenciones de nuestro corazón

La pregunta que Jesús hizo a Bartimeo iba dirigida para conocer cuáles eran las motivaciones o qué era en realidad lo que había en el corazón de este hombre. Era una invitación para que el ciego supiera o conociera qué era en realidad lo que pretendía.

Las preguntas de Jesús iban orientadas siempre a hacer que los hombres comprendieran lo que los movía o lo que decían. Buscaba que razonarán concienzudamente. Era un ejercicio de carácter personal. A los interrogados se les hacia una especie de aproximación intelectual de lo que pedían, deseaban o querían.

En el caso de Bartimeo, Jesús lo interrogó con una obviedad para llevarlo a una revisión interna de lo que estaba pasando. Era una especie de confirmación. Si en verdad creía que estaba ante el Cristo, la pregunta iba dirigida a confirmar su naciente fe en el Hijo de Dios para sí operar su milagro.

I. Para saber por qué queremos la atención de Jesús

Cuando Bartimeo oyó que Jesús pasaba comenzó a gritar. Lo callaron, pero el insistió en su deseo de llamar la atención de Jesús. Finalmente lo logró y Jesús lo llamó y él fue a donde estaba Jesús.

Buscar que Jesús nos escuche debe ser motivo de una profunda reflexión personal. La atención de Jesús es una bendición que se logra con perseverancia, pero siempre hemos de analizar la razón por la que la deseamos. Él esta presto a atender nuestro clamor, pero debe tener una orientación genuina.

Jesús escuchó de inmediato y desde la primera vez que Bartimeo gritó, pero lo atendió hasta que ya había pasado y estaba por salir para reafirmar en su corazón la necesidad de saber siempre por qué buscamos al Salvador. Qué queremos de él y para qué lo queremos, es un deber saberlo.

II. Para saber que haremos cuando Jesús nos contesté

Bartimeo ya creía en Cristo. La pregunta que el Señor le hizo tenía como finalidad que el ciego supiera exactamente que era lo que tenía que hacer una vez que recuperara el sentido de la vista.
Para qué sanar si su vida sería de nueva cuenta una vida alejada de Dios. Para qué sanar si nada cambiaría. Su vida seguiría rutinaria y sin ningún objetivo o propósito. Una existencia así no merece la atención de Cristo, pero una vida que se consagrará a seguirlo merece el mejor trato.

Casi todos los milagros que hizo Jesús fueron hecho a personas cuyos nombres no aparecen. De los muy pocos que tienen nombre es Bartimeo, el hijo de Timeo, la mayoría de los comentaristas sostienen que fue porque siguió al maestro desde su sanidad y fue muy conocido en la iglesia cristiana.

III. Para saber las intenciones de nuestro corazón.

La pregunta de Cristo iba dirigida para conocer las intención del corazón de Bartimeo, o más bien para que el enfermo supiera lo que había dentro de su ser y confirmar su genuina necesidad para una vez resuelta seguir a Cristo Jesús.

A Dios le interesa sobre manera el corazón. Los seres humanos miramos las apariencias, pero Jesús mira el corazón. Así ha sido siempre y así será por siempre. Las intenciones de cada corazón son lo que más le interesa al Señor.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: