Aprendiendo a luchar contra el miedo

La Biblia dice en Salmos 42: 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.

El salmo cuarenta y dos fue compuesto en los momentos de una persona que estaba al borde de la depresión. En cada una de sus palabras transmite la desesperación, la angustia, la ansiedad y todas aquellas emociones que surgen ante el abatimiento y la turbación tan humanas sin importar tiempo o lugar.

El salmista que nos legó esta hermosa oración estaba abatido y turbado, estaba desanimado y triste, estaba inquieto y angustiado y estaba preocupado porque sobre su vida se había venido una avalancha de infortunios y calamidades que lo habían encerrado en su casa. No podía salir, tal vez una enfermedad o malestar, pero algo lo había enclaustrado.

En esa condición, escribe esta plegaria donde vierte todas sus emociones, donde desahoga todo su sentir y donde desboca todo sus sentimientos para dejar de cargar el pesar y los miedos que lo ahogan. El salmista esta oprimido y deprimido y encuentra en Dios la salida a todas sus penas.

Es el resultado de una profunda introspección o revisión interna. El autor del salmo que hoy meditamos se ha detenido para reflexionar y hablar consigo mismo. Las preguntas que se hace tienen como finalidad enfrentar el problema. No escapar o huir sino enfrentarlo de manera frontal.

Dios nos enseña siempre que el primera paso para enfrentar nuestros miedos y temores es reconocerlos. Auto engañarnos o evadir la realidad lo único que harán es posponer un choque que tarde o temprano nos alcanzará. El salmista reconoce su abatimiento y su turbación o temores.

Pero no se queda allí. Se sobrepone, se eleva por encima de ello con una vehemente convicción: seguirá esperando o confiando en Dios y esa confianza o espera la demostrará alabándolo porque al final de cuentas el único que puede salvarlo o librarlo de sus miedos y temores es únicamente el Señor del universo.

El autor del salmo nos regala un consejo de vida: ante el abatimiento y los temores el mejor camino es Dios o el mejor remedio o antídoto es el Creador porque siempre sabe librarnos de los grandes males que nos acechan en nuestro peregrinar sobre esta tierra y también nos enseña que en medio de la angustia y ansiedad nuestro gran ayudador es el Señor.

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