¡No temas, Cristo está contigo!

Los seres humanos somos susceptible de emociones que a veces nos rebasan. El temor es uno de ellos. Desde nuestros primeros padres, Adán y Eva hasta nuestros días, hombres y mujeres luchamos contra el miedo con el que nacemos y morimos y que en diferentes épocas de nuestra vida nos juega muy malos momentos.

Cuando hablamos de miedo o temor necesariamente tenemos que hablar de todos sus parientes que vienen acompañándolo: terror, pavor, espanto, pánico, horror, alarma, sobresalto y desasosiego que se planta ante nosotros y quieren aprisionarnos para paralizarnos o inmovilizarnos.

Recuerdo la historia de una amigo fotógrafo que presenció la incursión de un grupo armado frente a unas instalaciones militares junto con otros reporteros aquí en la costa oaxaqueña y cuando todos corrieron del lugar para proteger sus vidas, él se quedó porque el terror ya no lo dejó moverse. Así es el miedo, paralizante.

Jesús sabía perfectamente la condición humana y a sus discípulos, apóstoles y seguidores, les tuvo que decir muchas veces estas palabras: “no temas” porque el miedo es lo más natural que puede haber en una persona. Hemos de decir que las mujeres son más propensas que los hombres, pero en ocasiones el temor no respeta ni edad, ni sexo.

En los cuatro evangelios descubrimos a un Jesús que llamó siempre a evitar el temor y en estos días resulta muy pertinente recordar por qué lo dijo, a quiénes se los dijo, cuándo se los dijo y dónde se los dijo para fortalecer y animar nuestro atribulado corazón y recordar que Jesús jamás ha querido que sus seguidores vivan atemorizados o bajo zozobra.

La Escritura nos muestra cuales son los grandes miedos o los grandes temores de los seres humanos. La virtud de este bendito libro es que desnuda el alma, pero también le ofrece la solución para cubrirse. No solo señala nuestras carencias y necesidades, sino también la manera de cómo suplirlas.

En los cuatro evangelios descubrimos los temores de los seguidores de Jesús, pero también como Cristo atajó esa emoción para mostrarles que junto a su presencia o en su presencia no tenían razón de existir. De hecho una y otra vez Jesús les ofreció y nos ofrece, certidumbre, seguridad, tranquilidad, valor y audacia para derrotar nuestros miedos.

¡No temas, Cristo está contigo!

I. Ante los peligros Mateo 10: 31-33
II. Ante la muerte Marcos 5: 35-36
III. Ante el futuro incierto Lucas 12: 32-34
IV. Ante lo desconocido Mateo 14: 25-27

En el griego la palabra temor procede de la raíz “phobeó”. En español la palabra la usamos como fobia. El términos clínicos la fobia es terror a ciertas cosas o situaciones. Miedo a las arañas se conoce como aracnofobia. Acrofobia que es el miedo a las alturas. Androfobia, temor al sexo masculino.

En griego la palaba “phobeó” es más profunda porque no solo implica miedo o temor, sino también comunica la idea de alguien que huye o que se de a la fuga, es decir el término “phobeó” nos habla o nos presenta a una persona que ante el temor o miedo huye, escapa aterrorizada.

Una de las primeras acciones que Cristo hizo con sus discípulos fue sanarlos de sus miedos y temores porque sabía perfectamente que las personas temerosas no logran sus objetivos o no alcanzas sus metas y por eso en diversas ocasiones personalmente les pidió que no tuvieran miedo.

I. Ante los peligros (Mateo 10: 31-33)

El peligro acelera nuestro ritmo cardiaco y nos coloca en una situación sumamente frágil. El creyente va a enfrentar peligros. Esa es una realidad, pensar que la vida del hijo de Dios transcurrirá sin sobresaltos es una mentira.

En Mateo 10. 31-33 encontramos estas palabras de Cristo

 Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.  Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

La mejor definición de la palabra peligro es la expresión “riesgo” o “amenaza”. El peligro es aquella situación o circunstancia en la que nuestra vida puede sufrir un grave daño. Ante un escenario así todos los seres humanos reaccionamos de manera casi igual: mucho miedo o demasiado temor.

Cristo le pidió a sus seguidores calma o que se deshicieran de esa emoción recordando su valor delante de Él. Le dijo a ellos y nos dice a nosotros que valemos muchos. Y pone como ejemplo el valor de muchos pajarillos. Para entender mejor lo que Jesús quiso decir es conveniente saber que había en Israel una clase de aves de ornamento muy caras.

Cuando les dice que valen más que “muchos pajarillos” les esta dando un valor superior. Ante el peligro Jesús nos recuerdo nuestra valía, lo que representamos para Él y para su reino. No somos seres desvalidos, ni tampoco personas sin ninguna importancia, sino más bien algo muy valioso para su persona.
El peligro fue una constante en la vida de Pablo. En 2ª de Corintios 11: 25-26 leemos:

Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar;  26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;

La palabra peligro procede la raíz griega “kindunos” y se usa nueve veces en todo el Nuevo Testamento. La usa el apóstol Pablo en Romanos 8: 35. Donde presenta todas aquellas cosas que no podrán separarnos del amor de Cristo. Entre ellas menciona al peligro. Y de allí solo la vuelve a utilizar en la 2ª de Corintios 11: 26 que hemos leído anteriormente.

Los peligros que menciona Pablo se puede clasificar en dos de acuerdo a la preposición que utiliza para señalarlos: los primeros cuatro peligros de ríos, de los de su nación, de los gentiles y de los gentiles. La mayoría de estos se refiere a personas. Pablo desnuda los conflictos que vivió para proclamar el mensaje de Cristo. Le quisieron robar. Vaya.

El segundo bloque lo podemos agrupar de acuerdo a la preposición “en”, es decir son de lugares. En la ciudad, en el desierto, en el mar, y una última con la preposición “entre” los falsos hermanos.

Todo esto nos revela que Pablo peligro siempre. En muchos lugares y ante muchas personas su integridad siempre estuvo en riesgo. Hubo gente que hizo promesa a Dios de no comer ni beber cosa alguna si antes no daban muerte al apóstol a quien consideraban un enemigo de la ley mosaica y en consecuencia del pueblo hebreo. Hechos 23: 12

Frente a esta situación, Pablo respondió con confianza ante el Creador porque sabía que su vida dependía absolutamente de Dios. No entró en pánico, ni tampoco en angustia o desesperación. Saber que en cualquier momento su vida podía termina tampoco lo llevoó a vivir con ansiedad, sino siempre bajo la confianza y seguridad en Cristo.

La vida del creyente se desarrolla siempre ante adversarios que quieren dañarlo, debe reaccionar siempre con la certeza que Dios está siempre con él.

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