Sin temor ante el poder de Dios

La Biblia dice en Apocalipsis 1: 17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí diciéndome: No temas, yo soy el primero y el último.

El apóstol Juan fue de los últimos sobrevivientes de los 12 apóstoles. Su longevidad le permitió vivir más allá que el resto de sus compañeros, sin embargo fue aprendido por el imperio romano y llevado a la isla de Patmos que funcionaba como un lugar donde se confinaba a los presos políticos del gobierno.

Acusado de sedición por proclamar el reino espiritual de Jesucristo fue aprisionado en ese lugar donde recibió la revelación del libro más impactante de la Escritura. Fue en ese lugar donde el Espíritu Santo le reveló el volumen más estremecedor de la palabra de Dios en el que encontramos los juicios de Dios que han de venir sobre la tierra en los últimos días.

Para Juan fue impactante mirar la gloria de Jesucristo. La descripción que hace del Hijo de Dios en los primeros versículos del primer capítulo de ese libro nos presenta a un ser lleno de majestuosidad y poder, nos ofrece la imagen de la gloria y magnificencia que literalmente lo deslumbró y lo atemorizó.

Y no es para menos, Juan conoció a Jesús es su rasgo humano. Convivió con él durante tres años antes de morir en la cruz del calvario y luego de su resurrección estuvo cuarenta días con él, pero aún con su presencia humana. No hay que olvidar que comió con ellos y convivió antes de ascender al cielo.

Sin embargo, la forma en que lo vio en la isla de Patmos fue totalmente distinta. Allí se le presentó con todo su esplendor celestial y por eso dice el texto que hoy meditamos que cayó como muerto. Juan se desmayó o se desvaneció porque no pudo mantenerse de pie ante la gloria de Jesús.

Jesús, entonces le dijo que no tuviera temor. El miedo que sintió Juan le había robado el aliento, pero las palabras de Cristo lo reconfortaron. Recordó cuantas veces el Señor le dijo esas palabras cuando estuvo en la tierra. El miedo del apóstol fue natural porque estaba ante algo desconocido o al que no reconocía.

Queda claro que aún la gloria del cielo nos sobrecoge y atemoriza por nuestra humana debilidad, pero también es reconfortante saber que las palabras de Cristo para esos momentos son exactamente las mismas que cuando nos acecha el peligro: No tengan miedo, no se atemoricen cuando muestre mi poder.

La pandemia que vivimos en estos días son una manifestación del poder de Dios y en medio de ella solo nos pide que no tengamos miedo.

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