Ciudades solitarias

La Biblia dice en Lamentaciones 1: 1 ¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, la señora de provincias ha sido hecha tributaria.

El profeta Jeremías contempló un hecho insólito: la gloriosa ciudad de Jerusalén en silencio absoluto y en una soledad jamás imaginada ni por sus grandes enemigos. La santa ciudad judía quedó de repente vacía, sus calles lucían abandonadas, sin fiestas y sin alegría, en un hecho sin precedente en toda su historia del tiempo del vidente de Dios.

¿Cómo una ciudad que alcanzó su máximo esplendor con el rey Salomón quedó desolada, quebrantada y llena de dolor? Esa pregunta laceraba el corazón del autor de las Lamentaciones y por eso escribió uno de los textos más sobresalientes e ingeniosos sobre un impactante suceso en la historia de Israel.

Lamentaciones es una elegía o canto fúnebre escrito en cinco capítulos. Cuatro de ellos fueron escritos a manera de acróstico. Es decir, cada verso comienza con la primera letra del alfabeto hebreo. La versión Reina Valera 1960 respeta esa decisión del autor y cuatro capítulos tiene exactamente veintidós versos. El capítulo tres tiene sesenta y seis. Tres veces el acróstico del alfabeto judío.

En ellos, Jeremías expresa todo su pesar. Llora por su ciudad y de tanto hacerlo dice de manera poética: “Mis ojos me duelen de tanto gemir”. Los cuatro primeros capítulos son de una tristeza inconmensurable, pero el último es una plegaria para que Dios tenga misericordia de su ciudad y se apiade de ella.

La comparación que hace el profeta con la ciudad al decir que ha quedado como viuda no puede ser más exacta. El pecado de sus habitantes la llevaron a la destrucción y la viudez es el mejor ejemplo porque en aquella época una viuda viuda vivía en tal condición de orfandad y abandono que su condición era miserable.

Jeremías nos dejó ese libro para recordarnos que abandonar a Dios nos puede llevar a situaciones inconcebibles, a realidades impensables y circunstancias extraordinarias que si nos la anunciaran nos las creeríamos, como ver a una ciudad vacía o sin personas en sus calles.

Los hechos que acontecen en nuestros días se asemejan demasiado a lo descrito por Jeremías hace casi dos mil quinientos años: ciudades vacías, calles de urbes sin personas y una profunda desesperanza. Solo que ahora no eso solo una ciudad, sino el mundo entero que ha convertido sus zócalos y parques en pueblos fantasmas.

Y al igual que Jeremías nunca nos imaginamos que viviríamos una situación así. Nos queda, entonces, humillarnos ante Dios para que alegría y el gozo vuelva a nuestras vidas y a las ciudades donde Dios nos ha puesto.

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