Salmo 127: Dejémonos ayudar por Dios para construir nuestro hogar

La Biblia dice en Salmos 127: 1-2

Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño.

Introducción

Salomón, el autor de este salmo, apela a nuestro cuidado y nuestra precaución a la hora de comenzar o encarar la responsabilidad de construir un proyecto de carácter familiar. Y lo hace porque esa labor demanda y exige no solo nuestro empeño y dedicación sino la necesaria inclusión de Dios.

En su característico estilo, el rey de Israel presenta tres grandes peligros al momento de desarrollar nuestra vida familiar:1.Construir una casa sin el respaldo divino. 2.Proteger una ciudad haciendo a un lado a Dios de nuestras vida y 3.Buscar el sustento afanados únicamente en nuestros esfuerzos.

Y lo hace porque esas tres acciones pueden hacernos perder nuestro tiempo y nuestro esfuerzo y eso puede conducirnos directamente a la frustración, madre de la amargura y el resentimiento que atormenta la vida de muchos seres humanos que construyeron su vida familiar sin la participación de Dios.

Dejémonos ayudar por Dios para construir nuestro hogar

I. Para no perder nuestro tiempo y esfuerzo

No hay duda alguna que lo mas valioso que uno puede construir en la vida no es la riqueza o los bienes materiales sino, una familia, un hogar, porque esencialmente ese será nuestra único legado tangible a la hora de partir de este mundo.

Y por eso se debe hacer con sumo cuidado y con mucha atención personal, pero sobre todo ha de construirse con el auxilio y apoyo del Creador para garantizar su permanencia a fin de que traiga satisfacción y contentamiento a la hora de que llegue el momento de morir.

En los primeros dos versos de este texto, Salomón pasa revista o analiza tres grandes riesgos que tenemos los seres humanos a la hora de edificar el asunto más valioso que podemos tener en este mundo: la familia. Salomón busca que a la hora de construir nuestro hogar lo hagamos tomados de la mano del Señor. Aquí las siguiente razones:

A. Para no construir una casa sin el respaldo divino

Nadie nos enseña, nadie nos dice y a veces ni nosotros mismos buscamos como hacer de nuestra vida familiar  un lugar donde podamos vivir lo más tranquilos posible para nuestro bienestar emocional y material.

A muchos la vida familiar nos llega por accidente, a otros nos llega por una irresponsabilidad y en otras, claro, porque así lo hemos planeado. La verdad es que casi siempre la vida familiar nos atropella sin siquiera saber bien a bien lo que en realidad estamos o estábamos buscando a la hora de comenzar una relación de pareja y tener hijos e hijas.

Salomón es categórico a la hora de expresar que “Si Jehová no edificaré la casa, en vano trabajan los que la edifican.” Me gusta el verbo que utiliza al decir “trabajan”. Nótese. No dice trabaja como si la vida en familia correspondiera a un solo miembro, sino dice trabajan. Hay una corresponsabilidad en los miembros de una casa. Por lo menos de los esposos.

¿Hay gente construyendo hogares sin Dios? Sí y mucha. Pensar que se puede construir un hogar alejados de Dios es una de las peores equivocaciones que puede haber porque se está dejando a la circunstancias y en, muchos casos, a la suerte que a los hijos les vaya bien en la vida.

Tarde o temprano se darán cuenta del grave error de hacer a un lado a Dios. Cuando los hijos o las hijas crezcan sin valores y sin principios, pero sobre todo sin temor a Dios y la dedicación, esfuerzo, tiempo y dinero dedicado a ellos parezca haberse tirado a la basura y no tener ninguna satisfacción.

B. Para no proteger una ciudad sin respaldo divino

Esta frase esta íntimamente conectada con el primer punto de este estudio porque la unión de cada casa o cada hogar forman una ciudad. Una ciudad construida con familias sin Dios es una ciudad donde difícilmente habrá bienestar.

En momentos de crisis como los que estamos viviendo se necesita justamente que haya hogares donde el temor de Dios ayude a sobrellevar las dificultades, pero si una ciudad no tiene el cuidado y la protección divina, pues resulta igual de infructuoso protegerla o cuidarla.

Hace casi tres mil años, Salomón tenía muy en claro que una ciudad se salva o se preserva únicamente cuando Dios está al frente de ella o al lado y eso solo se logra cuando las familias y los hogares tienen un cimiento sólido y firme en la palabra de Dios.

C. Para no buscar el sustento sin respaldo divino

El verso dos de este pasaje que estamos estudiando dice así: Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño.

Encontramos en este verso una advertencia y una promesa. La advertencia consiste básicamente en que a la hora de buscar nuestro sustento lo podemos hacer con mucho esfuerzo, trabajo y fatiga y al final descubrir tristemente que en realidad no valió la pena lo que hicimos.

Esa prevención es coronada con una estupenda figura retórica utilizada por el salmista. Podemos “comer pan de dolores”, es decir podemos desgastarnos tanto con llevar el sustento a casa para que al final no obtengamos nada. Puede ser tanto el esfuerzo para no alcanzar nada.

Pero también encontramos una hermosa promesa. Si hacemos a Dios partícipe de nuestros planes y proyectos, la búsqueda de sustento, si bien no estará exenta de dificultades y apremios, los resultados valdrán la pena y llenarán de satisfacción nuestra existencia.

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