La resurrección de Cristo conmovió la tierra

La Biblia dice en Mateo 28: 1-7

Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. 

Introducción

Cuando Cristo murió, dice el evangelista Mateo, la tierra tembló. Y cuando resucitó hubo también un sismo, que asustó a quienes resguardaban y visitaban el sepulcro donde había sido depositado el cuerpo de Cristo porque la piedra que se colocó para que nadie pudiera profanar la tumba se hizo a un lado.

Los temblores son una de las grandes manifestaciones del poder de Dios. En el Nuevo Testamento encontramos mencionados uno de ellos. Cuando Pablo y Silas oraban y cantaban en la prisión de la ciudad romana de Filipos, a la media noche un terremoto sacudió la cárcel y las cárcel literalmente se abrió.

En el libro de Mateo se nos dice también que una de las grandes señales del regreso de Cristo serán los sismos y lo confirma el libro de Apocalipsis que durante los severos juicios que vendrán sobre la humanidad menciona que habrá grandes terremotos que harán o provocarán una gran devastación.

Una de las interpretaciones que hago del salmo 95 que dice: “porque en sus manos están las profundidades de la tierra” es justamente el poder de Dios para conmover la tierra y con ello a todos sus habitantes que por más tecnología que han alcanzado han sido incapaces de predecir este tipo de fenómenos.

Pues bien, Cuando Cristo derrotó la muerte y se levantó de entre los muertos, la tierra tembló. No era para menos la gloriosa manifestación del poder de Dios quedaba de manifiesto. La muerte, el postrer enemigo de Cristo había sufrido la más estrepitosa derrota por parte del Señor que se levantó victorioso.

Mateo es el único evangelista que registra ese singular suceso y nos da los pormenores para mostrarnos que esa mañana del primer día de la semana, el poder del Creador se manifestó para hacernos ver claramente que la resurrección, además de ser un hecho portentoso, era la confirmación de todo lo que Cristo dijo de sí mismo.

La resurrección de Cristo conmovió la tierra

I. Por un ángel que abrió el sepulcro
II. Que produjo temor
III. Para anunciarlo a sus seguidores

Cristo lo dijo muchas veces: Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque este muerto vivirá. Se lo repitió a su discípulos constantemente: la muerte no lo iba a detener, pero el corazón de ellos, como el de nosotros en muchas ocasiones, no lo creyó y cuando sucedió estaban muy lejos de su tumba, apesadumbrados, tristes y con mucho miedo.

La asociación de su resurrección con un gran temblor resulta sumamente interesante y realmente sorprendente porque nos muestra una sincronía entre el Padre y el Hijo en lo que es la columna vertebral del cristianismo: la resurrección de Cristo, que da sustento y cimiento a lo que creemos.

Mateo nos va a conducir por este evento para tener presente que los seguidores de Cristo somos seguidores del poder de Dios. Que el ámbito de nuestras creencias es lo sobrenatural y que nada puede asustarnos luego de que por la fe somos testigos presenciales del regreso de Jesús de la muerte.

I. Por un ángel que abrió el sepulcro

Mateo nos ubica en el día y la hora del suceso: el primer día de la semana o un día después del día de reposo hebreo o shabat. También nos informa que María Magdalena y a otra mujer que identifica como la otra María, que según Juan 20: 16 es la esposa de Cleofas, van al sepulcro.

Justo cuando ellas llegan, un ángel del Señor enviado por desde el cielo removió la piedra y se sentó sobre ella. Cuando eso ocurrió la tierra se estremeció. El ángel lo describe como un ser parecido a un relámpago y vestido de ropa blanca, tan blanca como la nieve. Su descripción y su origen apunta a un ser de un rango jerárquico importante.

Su presencia reviste la importancia del evento. Así como cuando Cristo fue engendrado la actividad angélica creció mucho y luego durante sus primeros días de vida de igual forma, no podía ser distinto a la hora que habría de resucitar. El ángel del Señor atestiguó con su poder que se levantaba de los muertos con el poder de Dios.
La Biblia está plagada de ángeles. Los ángeles le sirvieron durante su ministerio terrenal y lo hicieron hasta el final. Mostrando de esa manera que el Hijo de Dios era superior a los ángeles. Este ángel bajó del cielo para mostrar su poder e hizo algo inusual que dejó perplejo a quienes vieron el suceso.

Se sentó en la piedra que habían puesto para proteger la tumba. Sentado en esa enorme y pesada piedra el ángel nos envía un mensaje contundente de que nada creado podía y puede detener la resurrección. Que metáfora más estremecedora. Para mover la piedra se requirieron a muchas personas y solo un ángel la movió de su lugar.

La resurrección no puede tener mejor telón de fondo que ese: la tumba no pudo permanecer cerrada. El sepulcro quedó abierto para siempre y quedó vació. Los que pensaron que allí había acabado todo se equivocaron. El ángel sentado en la piedra es la demostración que el poder celestial está muy por encima del poder humano.

II. Que produjo temor

Los sacerdotes que habían ordenado aniquilar a Jesús le habían pedido a Pilato un piquete de soldados que resguardaran la tumba. Los militares allí estaban cuando ocurrió el terremoto y cayeron fulminados por el susto.

Es interesante el juego de palabras que Mateo hace porque la palabra para temblor o terremoto es la misma que utiliza para decir que los soldados se pusieron a temblar. Los bravos e indómitos soldados romanos no pudieron con lo que vieron y cayeron en estado de shock.

Los seres humanos jamás podremos con nuestras propias fuerzas presenciar o estar ante el poder de Dios. Los soldados romanos eran conocidos por su temeridad. De hecho era un requisito indispensable no sentir miedo, pero ante la presencia de un ser sobrenatural no pudieron.

Cuando María Magdalena y la otra María, que ya hemos dicho era la mujer de Cleofas, vieron lo que sucedía también se llenaron de miedo, pero el ángel de inmediato se dirigió a ellas para decirles que no tuvieran miedo porque él sabía perfectamente que estaban allí porque buscan a Jesús el que había sido crucificado.

Ellas no se desmayaron al contrario el ángel las llevó a mirar donde el cuerpo de Cristo estuvo. Ellas fueron las primeras que conocieron el suceso. La fe de ellas provocó que el temblor y el ángel en lugar de llenarlas de miedo, les dio oportunidad de conocer de primera mano que Jesús había vuelto a la vida.

III. Para anunciarlo a sus seguidores

El privilegio de saber de la resurrección les dio una responsabilidad: ir rápidamente a decirle a los seguidores del Maestro que no estaba muerto. Que lo que había dicho se cumplió cabalmente.

El verso siete de Mateo 28 dice así:

7 E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. 

Se volverían a reencontrar en Galilea. Tenían que avisarlo a sus seguidores. El temblor había pasado ya a segundo término. Lo importante ahora era que ellas llevaran ese mensaje a los once que se encontraban sumamente abatidos y tristes porque pensaban que todo había acabado en la cruz.

Cristo había resucitado. Ellas tenían las pruebas porque habían ido a la tumba y estaba vacía y todavía más tenían la confirmación por las palabras del ángel del Señor que les dio testimonio de lo que había sucedido.

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